Se pretende en este blog hacer mofa y befa de aquellos tópicos y creencias que la gente dice muy en serio, pero que pensados un poco nos hacen exclamar ¡No, por Dios!

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¡No, por Dios!

Se muestran los artículos pertenecientes al tema General.

La ciencia en España no necesita tijeras

Ahíto me tienen los políticos mediocres que nos gobiernan, y los que pretenden hacerlo. Se les puede ver matándose a brazos por conseguir los Juegos Olímpicos y son incapaces de sentarse a reflexionar sobre cómo salimos de la crisis que nos atenaza. Parecen pensar que es suficiente esperar a que pase, lo antes y mejor posible, para recoger los frutos. Se creen que con conseguir que no todo el mundo se muera de hambre ya lo han hecho todo, como si sobrellevar la crisis fuera lo mismo que hacer algo por salir de ella.

Cualquiera con dos dedos de frente sabe qué hay que hacer para salir del pozo: encontrar nuevos nichos de negocio, nuevas formas de producir más eficientes y baratas, nuevas formas de producir energía, nuevas maneras de conseguir el mismo confort del que disfrutamos hoy en día pero consumiendo menos recursos: materias primas, energía, y generando, en definitiva, menos residuos. ¿Es esto tan difícil?

Pues sí, hacer todo eso es difícil, para ello se requiere, inexcusablemente, de la investigación científica. Sin ella estamos perdidos. La investigación científica no es un lujo de ricos, es la base de todo nuestro mundo. La investigación científica es el pedestal sobre el que se apoya cualquier avance tecnológico, que genera negocios, confort y desarrollo. ¿Cómo es posible que en un país como España se piense en recortar los presupuestos para la investigación científica? Es un suicidio, es cerrarse las puertas del futuro.

A nadie se le escapa que la investigación científica no da frutos de hoy para mañana. La falta de inventos de hoy se debe al regateo de dinero para la investigación de ayer. ¿Queremos repetir la experiencia? ¿Queremos encontrarnos, el día de mañana, comprando patentes fuera? ¿Queremos hipotecar, una vez más, nuestro futuro?

No es la primera vez que apostamos por esa política suicida, ya nos costó, en su día, perder el tren del desarrollo; con lo que conseguimos convertir a este santo país en uno de los más pobres de Europa. Era en los tiempos en los que Unamuno decía aquello de ¡Qué inventen ellos! Y así nos fue.

 

Miércoles, 07 de Octubre de 2009 01:07 Autor: Pastranec. Enlace. Tema: General No hay comentarios. Comentar.

Quienes proporcionamos los contenidos, perdemos

Discurso Ángeles González-Sinde en la Gala Premios Goya
Fuente ABC.es a través de http://l3utterfish.blogspot.com/2009/04/frases-gloriosas-de-angeles-gonzalez.html

«Tenemos que seguir peleando para que las descargas ilegales no nos hagan desaparecer, para que nuestros administradores comprendan que en el negocio de la Red no pueden ganar sólo las operadoras de ADSL, mientras quienes proporcionamos los contenidos, perdemos».
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¡Que viejo soy! Recuerdo que se decía algo similar en los últimos años de la década de 1990 allá cuando se discutía la LSSI, se peleaba por la tarifa plana y contra las llamadas fallidas a Internet, y cuando la entrada a la red no se hacía a través de un buscador o una página personalizada si no de una cosa que se llamaban portales, donde se recogía lo que se suponía que interesaba más. Ya entonces era mentira, y eso que quienes aportábamos contenidos a la red éramos cuatro gatos.

En aquellos tiempos las empresas que daban acceso a Internet (en la práctica sólo Telefónica), y las que pretendían controlarlo por medio de leyes diferenciadas para Internet, querían creer que si la red existía era gracias a ellas, por que ellas eran las que daban valor añadido a la red, sin darse cuenta que si la gente se conecta a Internet no es para ver «sus productos» si no para comunicarse. Los que damos valor a la red somos sus usuarios, y sin lo que nosotros aportamos la red no es nada. ¿Qué son, si no, las redes sociales como Facebook? ¿O la inmensa red social que es, a la postre, Internet?

Al final ganamos la batalla, y logramos convencer a todos (o a casi todos, por lo visto) de algo que hoy es un lugar común pero en aquella época no lo era: que la red no es diferente de la sociedad, que no existe un mundo virtual y un mundo real, que las leyes que rigen la red no pueden ser diferentes de las que rigen las actividades habituales de la sociedad, que sólo había que dar valor jurídico a los «documentos» generados electrónicamente.

Esto es lo que los analfabetos digitales aún no entienden (la Sinde, Molina, la SGAE y demás). Habrá, claro que los hay, delincuentes que pretenden lucrarse con la obra de otro. Pero eso no es una característica de Internet, eso es que hay chorizos en la sociedad. La mayoría de las personas son buena gente, buena gente que habla y se cuenta cosas; cosas como la música, los libros y las películas que les gusta; y habla de eso en los bares, en la calle como en la red; y en la red la forma de hacerlo es a través de documentos digitales que circulan por todas partes.

Las operadoras de Internet sólo proporcionan conexión en buenas condiciones, no contenidos, de hecho Internet funciona por que es «ciega» ante los contenidos.

Quien comparte sus gustos no pretende hacerle la puñeta al artista que le gusta, todo lo contrario, pretende que se conozca, se aprecie y que pueda vivir de su obra. Quienes proporcionamos los contenidos, ganamos.

Domingo, 12 de Abril de 2009 15:18 Autor: Pastranec. Enlace. Tema: General No hay comentarios. Comentar.

Análisis del discurso completo de toma de posesión de Barack Obama

Compatriotas:

Me encuentro hoy aquí con humildad ante la tarea que enfrentamos, agradecido por la confianza que me ha sido otorgada, consciente de los sacrificios de nuestros antepasados. Agradezco al presidente Bush su servicio a nuestra nación, así como la generosidad y cooperación que ha demostrado a lo largo de esta transición.

Ya son cuarenta y cuatro los norteamericanos que han hecho el juramento presidencial. Estas palabras han sido pronunciadas durante mareas de prosperidad y aguas tranquilas de la paz. Y, sin embargo, a veces el juramento se hace en medio de nubarrones y furiosas tormentas. En estos momentos, Estados Unidos se ha mantenido no sólo por la pericia o visión de los altos cargos, sino porque nosotros, el pueblo, hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antecesores y a nuestros documentos fundacionales. Así ha sido. Y así debe ser con esta generación de norteamericanos.

Que estamos en medio de una crisis es algo muy asumido. Nuestra nación está en guerra frente a una red de gran alcance de violencia y odio. Nuestra economía está gravemente debilitada, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por el fracaso colectivo a la hora de elegir opciones difíciles y de preparar a la nación para una nueva era.

Se han perdido casas y empleos y se han cerrado empresas. Nuestro sistema de salud es caro; nuestras escuelas han fallado a demasiados; y cada día aporta nuevas pruebas de que la manera en que utilizamos la energía refuerzan a nuestros adversarios y amenazan a nuestro planeta.

Estos son los indicadores de una crisis, según los datos y las estadísticas. Menos tangible pero no menos profunda es la pérdida de confianza en nuestro país, un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y de que la próxima generación debe reducir sus expectativas.

Hoy os digo que los desafíos a los que nos enfrentamos son reales. Son graves y son muchos. No los enfrentaremos fácilmente o en un corto periodo de tiempo. Pero Estados Unidos debe saber que les haremos frente.

Hoy nos reunimos porque hemos elegido la esperanza sobre el temor, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia. Hoy hemos venido a proclamar el fin de las quejas mezquinas y las falsas promesas, de las recriminaciones y los dogmas caducos que durante demasiado tiempo han estrangulado a nuestra política.

Seguimos siendo una nación joven, pero, según las palabras de las Escrituras, ha llegado el momento de dejar de lado los infantilismos. Ha llegado el momento de reafirmar nuestro espíritu de firmeza: de elegir nuestra mejor historia; de llevar hacia adelante ese valioso don, esa noble idea que ha pasado de generación en generación: la promesa divina de que todos son iguales, todos son libres y todos merecen la oportunidad de alcanzar la felicidad plena.

Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, somos conscientes de que la grandeza nunca es un regalo. Debe ganarse. Nuestro camino nunca ha sido de atajos o de conformarse con menos. No ha sido un camino para los pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo o buscan sólo los placeres de la riqueza y la fama. Más bien, han sido los que han asumido riesgos, los que actúan, los que hacen cosas, algunos de ellos reconocidos, pero más a menudo hombres y mujeres desconocidos en su labor, los que nos han llevado hacia adelante por el largo, escarpado camino hacia la prosperidad y la libertad.

Por nosotros se llevaron sus pocas posesiones materiales y viajaron a través de los océanos en busca de una nueva vida. Por nosotros trabajaron en condiciones infrahumanas y se establecieron en el oeste; soportaron el látigo y araron la dura tierra. Por nosotros lucharon y murieron en lugares como Concord y Gettysburg, Normandía y Je Sahn.

Una y otra vez estos hombres y mujeres lucharon y se sacrificaron y trabajaron hasta tener llagas en las manos para que pudiéramos tener una vida mejor. Veían a Estados Unidos más grande que la suma de nuestras ambiciones individuales, más grande que todas las diferencias de origen, riqueza o facción.

Este es el viaje que continuamos hoy. Seguimos siendo la nación más próspera y poderosa de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando empezó esta crisis. Nuestras mentes no son menos inventivas, nuestros bienes y servicios no son menos necesarios que la semana pasada, el mes pasado o el año pasado. Nuestra capacidad no ha disminuido. Pero el tiempo del inmovilismo, de la protección de intereses limitados y de aplazar las decisiones desagradables, ese tiempo seguramente ha pasado. A partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y volver a empezar la tarea de rehacer Estados Unidos.

Porque allí donde miremos, hay trabajo que hacer. El estado de la economía requiere una acción audaz y rápida y actuaremos no sólo para crear nuevos empleos sino para levantar nuevos cimientos para el crecimiento. Construiremos carreteras y puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que alimentan nuestro comercio y nos mantienen unidos.

Pondremos a la ciencia en el lugar donde se merece y aprovecharemos las maravillas de la tecnología para aumentar la calidad de la sanidad y reducir su coste. Utilizaremos el sol, el viento y la tierra para alimentar a nuestros automóviles y hacer funcionar nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y universidades para hacer frente a las necesidades de una nueva era.

Todo esto podemos hacerlo. Y todo esto lo haremos.

Algunos cuestionan la amplitud de nuestras ambiciones y sugieren que nuestro sistema no puede tolerar demasiados grandes planes. Sus memorias son cortas. Porque han olvidado lo que este país ya ha hecho; lo que hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une al interés común y la necesidad a la valentía.

Lo que no entienden los cínicos es que el terreno que pisan ha cambiado y que los argumentos políticos estériles que nos han consumido durante demasiado tiempo ya no sirven.

La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno es demasiado grande o pequeño, sino si funciona, ya sea para ayudar a las familias a encontrar trabajos con un sueldo decente, cuidados que pueden pagar y una jubilación digna. Allí donde la respuesta es sí, seguiremos avanzando y allí donde la respuesta es no, pondremos fin a los programas. Y a los que manejamos el dinero público se nos pedirán cuentas para gastar con sabiduría, cambiar los malos hábitos y hacer nuestro trabajo a la luz del día, porque sólo entonces podremos restablecer la confianza vital entre un pueblo y su gobierno.

La cuestión para nosotros tampoco es si el mercado es una fuerza del bien o del mal. Su poder para generar riqueza y expandir la libertad no tiene rival, pero esta crisis nos ha recordado a todos que sin vigilancia, el mercado puede descontrolarse y que una nación no puede prosperar durante mucho tiempo si favorece sólo a los ricos. El éxito de nuestra economía siempre ha dependido no sólo del tamaño de nuestro Producto Nacional Bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad, de nuestra habilidad de ofrecer oportunidades a todos los que lo deseen, no por caridad sino porque es la vía más segura hacia el bien común.

En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros padres fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, redactaron una carta para garantizar el imperio de la ley y los derechos humanos, una carta que se ha expandido con la sangre de generaciones. Esos ideales aún alumbran el mundo y no renunciaremos a ellos por conveniencia. Y a los otros pueblos y gobiernos que nos observan hoy, desde las grandes capitales al pequeño pueblo donde nació mi padre: sabed que América es la amiga de cada nación y cada hombre, mujer y niño que persigue un futuro de paz y dignidad y de que estamos listos a asumir el liderazgo una vez más.

Recordad que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y al comunismo no sólo con misiles y tanques, sino con sólidas alianzas y firmes convicciones. Comprendieron que nuestro poder solo no puede protegernos ni nos da derecho a hacer lo que nos place. Sabían por contra que nuestro poder crece a través de su uso prudente, de que la seguridad emana de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y las cualidades de la templanza, la humildad y la contención.

Somos los guardianes de este patrimonio. Guiados de nuevo por estos principios, podemos hacer frente a esas nuevas amenazas que exigen aún mayor esfuerzo, incluso mayor cooperación y entendimiento entre las naciones. Comenzaremos a dejar Irak, de manera responsable, a su pueblo, y forjar una paz ganada con dificultad en Afganistán.

Con viejos amigos y antiguos contrincantes, trabajaremos sin descanso para reducir la amenaza nuclear y hacer retroceder el fantasma de un planeta que se calienta. No vamos a pedir perdón por nuestro estilo de vida, ni vamos a vacilar en su defensa, y para aquellos que pretenden lograr su fines mediante el fomento del terror y de las matanzas de inocentes, les decimos desde ahora que nuestro espíritu es más fuerte y no se lo puede romper; no podéis perdurar más que nosotros, y os venceremos.

Porque sabemos que nuestra herencia multiétnica es una fortaleza, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos y e hindúes, y de no creyentes. Estamos formados por todas las lenguas y culturas, procedentes de cada rincón de esta Tierra; debido a que hemos probado el mal trago de la guerra civil y la segregación, y resurgido más fuertes y más unidos de ese negro capítulo, no podemos evitar creer que los viejos odios se desvanecerán algún día, que las lineas divisorias entre tribus pronto se disolverán; que mientras el mundo se empequeñece, nuestra humanidad común se revelará; y América tiene que desempeñar su papel en el alumbramiento de una nueva era de paz.

Al mundo musulmán, buscamos un nuevo camino adelante, basado en el interés mutuo y el respeto mutuo. A aquellos líderes en distintas partes del mundo que pretenden sembrar el conflicto, o culpar a Occidente de los males de sus sociedades, sepáis que vuestros pueblos os juzgarán por lo que que podesis construir, no por lo que destruyais.

A aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y la represión de la disidencia, tenéis que saber que estáis en el lado equivocado de la Historia; pero os tenderemos la mano si estáis dispuestos a abrir el puño.

A los pueblos de las naciones más pobres, nos comprometemos a colaborar con vosotros para que vuestras granjas florezcan y dejar que fluyan aguas limpias; dar de comer a los cuerpos desnutridos y alimentar las mentes hambrientas. Y a aquellas naciones que, como la nuestra, gozan de relativa abundancia, les decimos que no nos podemos permitir más la indiferencia ante el sufrimiento fuera de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos del mundo sin tomar en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros tenemos que cambiar con él.

Al contemplar la ruta que se despliega ante nosotros, recordamos con humilde agradecimiento aquellos estadounidenses valientes quienes, en este mismo momento, patrullan desiertos lejanos y montañas distantes. Tienen algo que decirnos, al igual que los héroes caídos que yacen en (el cementerio nacional de) Arlington susurran desde los tiempos lejanos. Les rendimos homenaje no sólo porque son los guardianes de nuestra libertad, sino también porque encarnan el espíritu de servicio; la voluntad de encontrar sentido en algo más grande que ellos mismos. Sin embargo, en este momento, un momento que definirá una generación, es precisamente este espíritu el que tiene que instalarse en todos nosotros.

Por mucho que el gobierno pueda y deba hacer, en última instancia esta nación depende de la fe y la decisión del pueblo estadounidense. Es la bondad de acoger a un extraño cuando se rompen los diques, la abnegación de los trabajadores que prefieren recortar sus horarios antes que ver a un amigo perder su puesto de trabajo, lo que nos hace superar nuestros momentos más oscuros. Es la valentía del bombero al subir una escalera llena de humo, pero también la voluntad del progenitor de cuidar a un niño, lo que al final decide nuestra suerte.

Nuestros desafíos podrían ser nuevos. Las herramientas con que los hacemos frente podrían ser nuevas. Pero esos valores sobre los que depende nuestro éxito, el trabajo duro y la honestidad, la valentía y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo, esas cosas son viejas. Esas cosas son verdaderas. Han sido la fuerza silenciosa detrás de nuestro progreso durante toda nuestra historia. Lo que se exige, por tanto, es el regreso a esas verdades. Lo que se nos pide ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento, por parte de cada estadounidense, de que tenemos deberes para con nosotros, nuestra nación, y el mundo, deberes que no admitimos a regañadientes, sino que acogemos con alegría, firmes en el conocimiento de que no hay nada tan gratificante para el espíritu, tan representativo de nuestro carácter que entregarlo todo en una tarea difícil.

Este es el precio y la promesa de la ciudadanía. Esta es la fuente de nuestra confianza, el saber que Dios nos llama a dar forma a un destino incierto. Este es el significado de nuestra libertad y de nuestro credo, por lo que hombres y mujeres y niños de todas las razas y de todas las fes pueden unirse en una celebración a lo largo y ancho de esta magnífica explanada, por lo que un hombre cuyo padre, hace menos de 60 años, no habría sido servido en un restaurante ahora está ante vosotros para prestar el juramento más sagrado.

Así que, señalemos este día haciendo memoria de quiénes somos y de lo largo que ha sido el camino recorrido. En el año del nacimiento de América, en uno de los más fríos meses, una reducida banda de patriotas se juntaba ante las menguantes fogatas en las orillas de un río helado. La capital se había abandonado. El enemigo avanzaba. La nieve estaba manchada de sangre. En un momento en que el desenlace de nuestra revolución estaba más en duda, el padre de nuestra nación mandó que se leyeran al pueblo estas palabras:

«Que se cuente al mundo del futuro que en las profundidades del invierno, cuando nada salvo la esperanza y la virtud podían sobrevivir... la urbe y el país, alarmados ante un peligro común, salieron a su paso».

América. Ante nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras privaciones, recordemos esas palabras eternas. Con esperanza y virtud, sorteemos nuevamente las corrientes heladas, y aguantemos las tormentas que nos caigan encima. Que los hijos de nuestros hijos digan que cuando fuimos puestos a prueba nos negamos que permitir que este viaje terminase, no dimos la vuelta para retroceder, y con la vista puesta en el horizonte y la gracia de Dios encima de nosotros, llevamos aquel gran regalo de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones venideras.

Gracias, que Dios os bendiga, que Dios bendiga a América.

Procedente del diario 20Minutos publicado con licencia Creative Commons

Análisis

Todo el discurso de Obama, en el día de su investidura como presidente de Estados Unidos de América, gira en torno a una sola idea: vivimos tiempos difíciles pero nos enfrentaremos a ellos con éxito, como con éxito se enfrentaron a sus problemas nuestros antepasados, y lo haremos reafirmando nuestro principios. Párrafo tras párrafo se refuerza esta idea una y otra vez, dirigiéndose a diferentes colectivos pero siempre con la misma idea y la misma estructura: este es el problema pero lo resolveremos como lo resolvieron nuestros antepasados.

La idea se expone de manera simple en el primer párrafo: «Me presento aquí [...] consciente de la tarea que nos aguarda, agradecido por la confianza [...], conocedor de los sacrificios que hicieron nuestros antepasados». Y da las gracias al presidente saliente por los servicios prestados.

A continuación comienza recordando que aunque la mayoría de los presidentes han tenido mandatos tranquilos también los ha habido con mandatos difíciles, pero siempre se ha salido adelante: «permanecido fieles a los ideales de nuestros antepasados y a nuestros documentos fundacionales. Así ha sido. Y así debe ser [...]». Curiosamente él no se pone del lado de los presidentes, si no del pueblo: «Nosotros, el Pueblo». en un sólo párrafo recuerda los tiempos difíciles del pasado, y que se ha salido adelante.

El siguiente párrafo nos sitúa en el día de hoy: «estamos en medio de una crisis», y además «en guerra contra una red de violencia y odio», y señala a los culpables «la codicia y la irresponsabilidad de algunos», y «nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles», que ha provocado grandes males: pérdida casas, empleos, se han cerrado empresas, sanidad cara, escuelas malas, usos de la energía ineficientes.

Pero peor que todo eso es: «la destrucción de la confianza», y es cuando insufla esperanza: «No será fácil resolverlos, ni podrá hacerse en poco tiempo. Pero [...] los resolveremos». «Hemos escogido la esperanza por encima del miedo». «Ha llegado la hora de reafirmar nuestro espíritu de resistencia». Pero todo esto hay que ganárselo. «Nuestro viaje nunca ha estado hecho de atajos ni se ha conformado con lo más fácil». Y apela a la heroicidad de los antepasados: «Por nosotros empaquetaron sus escasas posesiones terrenales y cruzaron océanos, [...] trabajaron en condiciones infrahumanas y colonizaron el Oeste; soportaron el látigo y labraron la dura tierra, [...]combatieron y murieron en» guerras. Y todo «para que nosotros pudiéramos tener una vida mejor», por que «vieron que Estados Unidos era más grande que la suma de nuestras ambiciones individuales». Ese es su legado y ese «es el viaje que hoy continuamos». Y recuerda que hoy siguen siendo un gran país, ni son menos que cuando comenzó la crisis, pero hay que ponerse a trabajar: «el periodo del inmovilismo, de proteger estrechos intereses y aplazar decisiones desagradables ha terminado; a partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar». Da una serie de ejemplos en donde hay que ponerse a trabajar, y donde el Estado debe promover el impulso, por que «la pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno interviene demasiado o demasiado poco, sino si eso sirve de algo». Esta es, sin duda una de la frases más brillantes del discurso, y una de las ideas de más alcance.

Entramos en la parte programática del discurso.

Obama aboga por vigilar los mercados: «sin un ojo atento, el mercado puede descontrolarse», y reafirma las virtudes del libre mercado, porque la prosperidad depende «de nuestra capacidad de ofrecer oportunidades a todas las personas».

«En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales». Una frase simple que marca todo un nuevo estilo, radicalmente opuesto a la política estadounidense que se había llevado hasta entonces. Es, sin duda, la otra gran frase del discurso. Unos ideales que no son sólo para los estadounidenses, si no para todo el mundo: «Esos ideales siguen iluminando el mundo, y no vamos a renunciar a ellos por conveniencia». Al igual que en otras partes del discurso se apela a que ya lo hicieron los antepasados: «generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y el comunismo no sólo con misiles y carros de combate, sino con alianzas sólidas y convicciones duraderas».

Se hace referencia a los conflictos internacionales: Iraq, Afganistán, «disminuir la amenaza nuclear y hacer retroceder el espectro del calentamiento del planeta». Y a los terroristas les recuerda que: «No pediremos perdón por nuestra forma de vida ni flaquearemos en su defensa». Curiosamente no hace referencia la conflicto entre Palestina e Israel.

También hace una apelación directa al mundo musulmán: «buscamos un nuevo camino hacia adelante, basado en intereses mutuos y mutuo respeto» y les advierte «sabed que vuestro pueblo os juzgará por lo que seáis capaces de construir, no por lo que destruyáis». Y en el mismo párrafo a todos los dictadores: «estamos dispuestos a tender la mano si vosotros abrís el puño».

Se apela a «los habitantes de los países pobres», a los que promete ayuda, y a los otros países desarrollados para que apoyen en esa labor a Estados Unidos, y les recuerda que «el mundo ha cambiado, y nosotros debemos cambiar con él».

Recuerda a los soldados estadounidenses que luchan en el exterior, y a sus muertos, por que su sacrificio y su «espíritu es precisamente el que debe llenarnos a todos». Y enumera los valores en los que se sustenta ese espíritu: «el esfuerzo y la honradez, el valor y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo». Y para terminar vuelve a recordar que los antepasados ya lo hicieron: «En el año del nacimiento de Estados Unidos ... etc.»

El discurso concluye una apelación ante la historia: «Que los hijos de nuestros hijos puedan decir que, cuando se nos puso a prueba, [...] seguimos llevando hacia adelante el gran don de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones futuras».

Sábado, 24 de Enero de 2009 23:37 Autor: Pastranec. Enlace. Tema: General No hay comentarios. Comentar.

Análisis del discurso completo de Barack Obama tras ganar las elecciones presidenciales del 2008 en EE UU

Discurso de Barack Obama

¡Hola, Chicago!
 
Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, quien todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, quien todavía cuestiona la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta.
 
Es la respuesta dada por las colas que se extendieron alrededor de escuelas e iglesias en un número cómo esta nación jamás ha visto, por las personas que esperaron tres horas y cuatro horas, muchas de ellas por primera vez en sus vidas, porque creían que esta vez tenía que ser distinta, y que sus voces podrían suponer esa diferencia.
 
Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules.
 
Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.
 
Es la respuesta que condujo a aquellos que durante tanto tiempo han sido aconsejados a ser escépticos y temerosos y dudosos sobre lo que podemos lograr, a poner manos al arco de la Historia y torcerlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor.
 
Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hicimos en esta fecha, en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha venido a Estados Unidos.
 
Esta noche, recibí una llamada extraordinariamente cortés del senador McCain.
 
El senador McCain luchó larga y duramente en esta campaña. Y ha luchado aún más larga y duramente por el país que ama. Ha aguantado sacrificios por Estados Unidos que no podemos ni imaginar. Todos nos hemos beneficiado del servicio prestado por este líder valiente y abnegado.
 
Le felicito; felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado. Y estoy deseando colaborar con ellos para renovar la promesa de esa nación durante los próximos meses.
 
Quiero agradecer a mi socio en este viaje, un hombre que hizo campaña desde el corazón, e hizo de portavoz de los hombres y las mujeres con quienes se crío en las calles de Scranton y con quienes viajaba en tren de vuelta a su casa en Delaware, el vicepresidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden.
 
Y no estaría aquí esta noche sin el respaldo infatigable de mi mejor amiga durante los últimos 16 años, la piedra de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima primera dama de la nación, Michelle Obama.
 
Sasha y Malia, os quiero a las dos más de lo que podéis imaginar. Y os habéis ganado el nuevo cachorro que nos acompañará hasta la nueva Casa Blanca.
 
Y aunque ya no está con nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que hizo de mí lo que soy. Los echo en falta esta noche. Sé que mi deuda para con ellos es incalculable.
 
A mi hermana Maya, mi hermana Alma, al resto de mis hermanos y hermanas, muchísimas gracias por todo el respaldo que me habéis aportado. Estoy agradecido a todos vosotros. Y a mi director de campaña, David Plouffe, el héroe no reconocido de esta campaña, quien construyó la mejor, la mejor campaña política, creo, en la Historia de los Estados Unidos de América.
 
A mi estratega en jefe, David Axelrod, quien ha sido un socio mío a cada paso del camino.
 
Al mejor equipo de campaña que se ha compuesto en la historia de la política. Vosotros hicisteis realidad esto, y estoy agradecido para siempre por lo que habéis sacrificado para lograrlo.
 
Pero sobre todo, no olvidaré a quién pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros. Os pertenece a vosotros.
 
Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades. No comenzamos con mucho dinero ni con muchos avales. Nuestra campaña no fue ideada en los pasillos de Washington. Se inició en los jardines traseros de Des Moines y en los cuartos de estar de Concord y en los porches de Charleston. Fue construida por los trabajadores y las trabajadoras que recurrieron a los pocos ahorros que tenían para donar a la causa cinco dólares y diez dólares y veinte dólares.
 
Adquirió fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito de la apatía de su generación, que dejaron atrás sus casas y sus familiares para hacer trabajos que les procuraron poco dinero y menos sueño.
 
Adquirió fuerza de las personas no tan jóvenes que hicieron frente al gélido frío y el ardiente calor para llamar a las puertas de desconocidos y de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntarios y organizaron y demostraron que, más de dos siglos después, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no se ha desvanecido de la Tierra.
 
Esta es vuestra victoria.
 
Y sé que no lo hicisteis sólo para ganar unas elecciones. Y sé que no lo hicisteis por mí.
 
Lo hicisteis porque entendéis la magnitud de la tarea que queda por delante. Mientras celebramos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas (dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo).
 
Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.
 
Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos.
 
Hay nueva energía por aprovechar, nuevos puestos de trabajo por crear, nuevas escuelas por construir, y amenazas por contestar, alianzas por reparar.
 
El camino por delante será largo. La subida será empinada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos, nunca he estado tan esperanzado como estoy esta noche de que llegaremos.
 
Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos.
 
Habrá percances y comienzos en falso. Hay muchos que no estarán de acuerdo con cada decisión o política mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas.
 
Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos afrontan. Os escucharé, sobre todo cuando discrepamos. Y sobre todo, os pediré que participéis en la labor de reconstruir esta nación, de la única forma en que se ha hecho en Estados Unidos durante 221 años bloque por bloque, ladrillo por ladrillo, mano encallecida sobre mano encallecida.
 
Lo que comenzó hace 21 meses en pleno invierno no puede terminar en esta noche otoñal.
 
Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a como era antes. No puede suceder sin vosotros, sin un nuevo espíritu de sacrificio.
 
Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu del patriotismo, de responsabilidad, en que cada uno echa una mano y trabaja más y se preocupa no sólo de nosotros mismos sino el uno del otro.
 
Recordemos que, si esta crisis financiera nos ha enseñado algo, es que no puede haber un Wall Street (sector financiero) próspero mientras que Main Street (los comercios de a pie) sufren.
 
En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación de recaer en el partidismo y mezquindad e inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo.
 
Recordemos que fue un hombre de este estado quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la autosuficiencia y la libertad del individuo y la unidad nacional.
 
Esos son valores que todos compartimos. Y mientras que el Partido Demócrata ha logrado una gran victoria esta noche, lo hacemos con cierta humildad y la decisión de curar las divisiones que han impedido nuestro progreso.
 
Como dijo Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra, no somos enemigos sino amigos. Aunque las pasiones los hayan puesto bajo tensión, no deben romper nuestros lazos de afecto.
 
Y a aquellos estadounidense cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente, también.
 
Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios, a aquellos que se juntan alrededor de las radios en los rincones olvidados del mundo, nuestras historias son diversas, pero nuestro destino es compartido, y llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense.
 
A aquellos, a aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos. Y a aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina tan fuertemente: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza sino del poder duradero de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme.
 
Allí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que Estados Unidos puede cambiar. Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana.
 
Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que emitió su papeleta en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones, salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.
 
Nació sólo una generación después de la esclavitud; en una era en que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones (porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche, pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos) la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: Sí podemos. En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí podemos. Cuando había desesperación y una depresión a lo largo del país, ella vio cómo una nación conquistó el propio miedo con un Nuevo Arreglo, nuevos empleos y un nuevo sentido de propósitos comunes. Sí podemos.
 
Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza y la democracia fue salvada. Sí podemos.
 
Ella estaba allí para los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: «Lo superaremos». Sí podemos.
 
Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación.
 
Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.
 
Sí podemos.
 
Estados Unidos, hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen tanta suerte como para vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verán? ¿Qué progreso habremos hecho?.
 
Esta es nuestra oportunidad de responder a ese llamamiento. Este es nuestro momento.
 
Estos son nuestros tiempos, para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad para nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental, que, de muchos, somos uno; que mientras respiremos tenemos esperanza. Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos.
 
Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.

Procedente del diario 20Minutos, publicado con licencia Creative Commons

Análisis


El discurso es perfecto, y difícilmente se puede encontrar en él algo con lo que no estar de acuerdo. Pivota únicamente sobre dos ideas, que jamás se mezclan, y se exponen con una claridad, una brevedad y una eficacia asombrosa. Por supuesto el discurso no es un programa político, es sólo una apelación clara y directa fundamentada en los valores básicos de los estadounidenses. Casi todo son generalidades.

Comienza, en el primer párrafo, reafirmando el «sueño americano»: «Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible», para pasar a reafirmar la unidad de la nación: «Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.» Esta es la tesis central de todo su discurso, que va a concluir, al final, con el famoso «sí podemos».

El resto del discurso es un refuerzo, con numerosos argumentos de estas ideas.

En primer lugar felicita, alaba de hecho, a su rival, McCain, y sin olvidarse de Palin. Luego agradece la labor de quienes le han ayudado a llegar: su vicepresidente, su familia, su equipo de campaña, y el consabido pero eficacísimo «esta victoria os pertenece a vosotros». Todo ello refuerza el argumento de «Somos una nación».

A continuación hay una sección del discurso que comienza con «Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades» y termina con «Esta es vuestra victoria» que refuerza la idea de que el «sueño americano» es posible por que ya lo han logrado al llevarle a él a la presidencia. Digamos que es el «sueño americano» cumplido. Hasta aquí el pasado.

Inmediatamente sigue la definición de un nuevo proyecto, un nuevo «sueño americano», que comienza por enumerar los problemas que tiene el país: «dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo», y sigue por las dificultades: «Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato», pero no deja que se caiga en el desánimo: «Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos», o «Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio».

Para este nuevo «sueño americano» vuelve a apelar a la nación unida: «Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu del patriotismo», y «En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación». ¿Y por qué? Pues enumera «los valores que todos compartimos»: «la autosuficiencia y la libertad del individuo y la unidad nacional». La sección termina con un llamamiento a quienes no le han votado y les dice: «Y seré vuestro presidente, también».

Este «sueño americano» no es sólo para los estadounidenses, también implica a todo el mundo, y promete el liderazgo del Estados Unidos en el mundo. La sección comienza con: «Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas», se refuerza con «llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense», quita toda esperanza a los terroristas: «a aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer», ¿y cómo?: «la fuerza auténtica de nuestra nación procede [...] de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme». Y también: «aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos». Esta es la única parte del discurso medianamente programática, ya que afirma que la manera de luchar contra los «enemigos» no es renunciando a los derechos si no reforzándolos y es para aquellos a los que no se ha dirigido en toda la campaña: el resto del mundo. La sección termina con «Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana».

El discurso vuelve a centrarse en el «sueño americano» para los estadounidenses, y les hace conscientes del lo histórico del momento: «Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos». Es ahora cuando cuenta la historia de Ann Nixon Cooper, la anciana de 106 años. Aquí comienza su coda final. Mientras cuenta la historia dice hasta tres veces «Sí podemos», y lo repite otras cuatro veces en los párrafos siguientes.

La última frase es genial, por que resumen en una sola frase las dos ideas centrales del discurso: el «sueño americano» y la unidad nacional: «Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos».

¿Quien puede estar en desacuerdo con que podemos conseguirlo todo, sobre todo si estamos unidos? Así, en abstracto, sin concretar nada.

Si os habéis fijado el discurso está lleno de tópicos, y no se nota ninguno. ¿Quién ha oído alguna vez un discurso que no diga: «este premio se lo debo a mi familia y a mis amigos que me han ayudado a llegar hasta aquí. Este premio es vuestro»? Aquí lo dice y no se nota. ¿Qué hay más tópico que lo de: «esto no es el final es el principio de algo nuevo»? Aquí lo dice y no se nota. ¿Qué hay más tópico que lo de: juntos podemos lograrlo todo, el futuro es nuestro»? Aquí lo dice y no se nota.

Desgraciadamente todo esto está enmarcado por sendas apelaciones a Dios. El acto comienza con la intervención de un pastor protestante, y el discurso termina con: «Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América». Es una pena que no se puedan librar de estas intromisiones de la religión en la vida pública. ¿Os imagináis que en España, tras ganar una elecciones un obispo abriera el discurso de victoria? Yo creo que es protocolario, pero es que el protocolo responde a la necesidad de mantener las buenas maneras ante unos interlocutores que esperan que te comportes así. Obama no renuncia a esa intromisión de la religión en la política, quizá sea pedirle demasiado, al menos por el momento.

 

Domingo, 23 de Noviembre de 2008 15:01 Autor: Pastranec. Enlace. Tema: General No hay comentarios. Comentar.

Creer en la ciencia

Con frecuencia, discutiendo con los integristas religiosos cristianos (los más peligrosos ya que están infiltrados en las sociedades democráticas socavando sus principios), te terminan soltado que: «tú crees en la ciencia y yo creo en Dios-la Biblia»; o que: «la ciencia dice hoy una cosa y mañana otra, confundiéndote, mientras que la religión siempre dice lo mismo, y así tienes algo seguro en lo que creer».


La afirmación de que la ciencia y la religión son dos creencias, de distinto tipo pero creencias al fin y al cabo, es una mamarrachada de marca mayor.


En la ciencia no se cree. Se conoce (o no se conoce, depende del campo que cada uno haya estudiado) y ya está.


Quienes afirman tal cosa revelan un analfabetismo científico pasmoso (y entre ellos se encuentran algunos licenciados en ciencias). Parecen creer que la ciencia es una enciclopedia de respuestas para todo, como creen que lo es la religión. Pero, en realidad, la ciencia es un sistema de preguntas, y un método para contestarlas. Cualquiera que hable con un científico (de los de verdad, de los que investigan), lo primero que le cuentan es qué es lo que no sabe, porque esto es lo que absorbe su vida, su trabajo, el objeto de su investigación.


Cierto es que el método de contestar las preguntas, el método científico, es tan bueno, que hay cosas que ya se saben con seguridad, y que para no estar descubriendo todos los días los conceptos básicos de cada campo se transmiten como saber, el cual hay que estudiar. Así se avanza: «subido sobre hombros de gigantes» (parafraseando a Isaac Newton).


El otro argumento: «la ciencia dice hoy una cosa y mañana otra, y la religión dice siempre lo mismo», lejos de ser un desdoro para la ciencia es el mayor de los halagos. Al fin y al cabo, con esta afirmación se asume que la religión está estancada en la época de su creación, sin posibilidad de dar respuesta válida a las necesidades de la sociedad presente. En cambio, en la ciencia, cuando se hace una afirmación que resulta ser falsa, cualquier persona que siga el método científico podrá dar la respuesta correcta. ¡Qué gran virtud!

Miércoles, 07 de Noviembre de 2007 21:20 Autor: Pastranec. Enlace. Tema: General Hay 2 comentarios.

Por una televisión más interesante

Es un lugar común despotricar contra la televisión porque: «sólo echan programas basura», «no hay nada interesante», «faltan programas educativos para los niños», y yo qué se cuántas cosas por el estilo.


En realidad todo este despotrique es un sinsentido que no sabe a dónde va; y es que ¿qué es una televisión interesante? ¿Qué es un programa interesante?


Lo cierto es que no hay nada en el mundo objetivamente interesante. Las cosas son subjetivamente interesantes, es decir, son atrayentes para mí, o para ti, o para un grupito y en un determinado momento, pero no para todo el mundo en cualquier circunstancia.


¿Porqué los programas sobre naturaleza, historia, política son interesantes y un programa de sociedad no? Personalmente los de animales me ponen de los nervios. Habrá entre los espectadores a quien le cautive un tipo de programas y no otros, y es absolutamente imposible programar, a priori, para que cautive a una mayoría. Es muy posible que a una persona que le suelen atraer los documentales de Egipto, un día a una hora concreta prefiera estar en otra cosa, y por lo tanto no tendría interés en ver ese programa.


Ahí están las cadenas de televisión temáticas. En principio todo lo que emiten es sugerente, pero como sólo puede ser atractivo para quienes tienen un interés previo tienen poca audiencia; aunque fiel, eso sí.


A la postre, lo bueno, para ver televisión, no es sentarse en el sofá con la boca abierta a ver qué cae, sino mostrar interés por algo, y buscar entre la programación el contenido que deseamos. Pero eso un esfuerzo, y también está bien relajarse impúdicamente tras un día de trabajo.


No es posible hacer una televisión universalmente interesante, educativa, casi diría que ni entretenida. Lo único posible es lanzar contenidos con la esperanza de que el espectador aburrido termine por quedarse en una cadena porque le molesta menos que las otras. Y los contenidos que suelen conseguir esto son el sexo, el humor, el deporte y las excentricidades de los demás. ¡Sea!

Sábado, 13 de Octubre de 2007 13:41 Autor: Pastranec. Enlace. Tema: General No hay comentarios. Comentar.

La mejor obra de la historia

Cada cierto tiempo nos asaltan en los medios con listas de lo mejor de la historia: el mejor libro de la historia, la mejor canción de la historia, el personaje más popular del siglo, el mejor invento de la ciencia, el mejor cuadro, escultura, etc.


En el mejor de los casos lo único que revelan estas listas es la ignorancia de quien las hace, o como mínimo el sesgo del país en el que se hace la encuesta, como si los demás no contasen.


Existe una falsa creencia que lo más popular es lo mejor; y lo que es peor, que lo más popular es lo más votado, cuando todos sabemos que se vota lo que se promociona en los medios de comunicación.


La democracia, que es muy buena para elegir dirigentes por un período de tiempo determinado, es una falencia para decidir qué es mejor o peor en el arte. El sólo hecho de prestarse a semejante juego revela un pecado de soberbia. Se participa porque se tiene el secreto convencimiento de que mi opinión es la que decide los gustos de todos. No hay nada más absurdo. ¿Y qué si en una encuesta un libro aparece más votado que otro? ¿Acaso con leerlo estamos reconciliados con la literatura universal? ¡Qué pobreza de espíritu! ¿Me va a dejar de gustar una obra porque no salga entre las primeras?


Normalmente estas listas vienen del mundo anglosajón, pero se siguen en todo el mundo por esa vanidad de «somos los mejores», o el desaire del «no se han acordado de nosotros», pues que se jodan.


En cualquier disciplina artística hay un puñado de obras maestras, de referencia ineludible, y no es posible decir si una es mejor que otra. El intento no es más que desprecio por las obras que se pretende clasificar.

Miércoles, 26 de Septiembre de 2007 19:58 Autor: Pastranec. Enlace. Tema: General No hay comentarios. Comentar.

Contenidos en el móvil

En breve tendremos Internet en el móvil, o celular que dicen los americanos. Bueno lo cierto es que ya hay Internet en el móvil, pero es un Internet pequeñito, magro, con muy poca chicha, vaya. Y menos la televisión.


Ni los celulares son adecuados ni los contenidos de la red están pensados para verlos en una pantalla diminuta, ni siquiera como método de consulta.


Ni yo, ni nadie que yo conozca usa el Internet del móvil. Yo porque con el primer celular que tuve, con el que podía conectarme a la Red, el sólo hecho de probar cómo iba me costó 20 € y no llegué a saber cuál era el criterio de gasto. Mi enfado fue tan monumental que, aunque en la actualidad es más barato, decidí que nunca más. De esto hace tres años y ni un céntimo de mi factura ha ido a ese timo. Y el caso es que no lo echo de menos. Nadie me ha venido a decir: oye, ¿has visto que buena página hay en...? Nadie encuentra en navegar por la Red con el móvil una ventaja que no pueda suplir con un ordenador de verdad. Ni a nadie que yo conozca le produce una satisfacción similar.


¿Y televisión en el móvil? Se podrán ver películas y todo. Realmente usted se vería una película en una pantalla de 10 pulgadas. Mire que le he puesto una pantalla enorme para un celular, como una PDA. Cómo es posible que los televisores de casa sean cada vez más grandes y pretendan que veamos la tele en... «eso». Esto no es serio.


¿Y para qué quiero una tele portátil? Una radio se entiende, porque puedo escuchar y caminar al mismo tiempo, pero no puedo tener la vista fija en una pantalla y evitar incrustarle los cuernos al primer infeliz que pase.


¿Porqué, entonces, tanta insistencia en que llevemos Internet en el móvil? A la postre debe de ser interés del comercio a través de la Red, que pretenden tener la tienda abierta y en la mano del consumidor las 24 horas del día. Pero lo cierto es que para comprar hay que decidir, y para decidir hay que serenarse; y eso se hace mejor sentado y ante una pantalla bien grande. Pero lo grande de Internet no es el comercio, son los contenidos que esforzados anónimos colgamos altruistamente. 


Yo no quiero un aparato diminuto en el que tener todos mis contenidos en el bolsillo. Yo lo que quiero es un aparato diminuto que me permita llegar a un sitio donde sentarme y acceder a una pantalla grande, un teclado y ratón como Dios manda y con mi configuración conectarme a la Red. Eso sí.

Miércoles, 19 de Septiembre de 2007 19:03 Autor: Pastranec. Enlace. Tema: General No hay comentarios. Comentar.

Enciclopedias actualizadas

Entre esta vorágine finiestival en la que las editoriales nos inundan con colecciones de lo más variopinto se cuelan, como de refilón, algunas enciclopedias cuya máxima virtud es que están «actualizadas». Pero ¿cómo se puede tener una enciclopedia (de las de papel, de las que cuestan dinero, digo) totalmente actualizada? ¿Hasta dónde se puede ser actual? Dice un aforismo que no hay nada más viejo que un periódico de ayer (y hasta de hoy si me apuran).


Las «enciclopedias actualizadas» son un camelo. Siempre me ha entrado un repelús cada vez que alguien me ofrece una. En general quieren decir tienen un exceso de contenidos condicionados por los intereses de los medios de comunicación. La mayoría de ellos, pasados cuatro o cinco años, serán irrelevantes.


Yo tengo varias enciclopedias ancladas en los años 70 y 80, pero son estupendas porque me dan el estado del mundo en aquella época. La enciclopedia Espasa de los años 20 que hay en muchas bibliotecas es una joya que merece la pena ser leída sólo por ver lo que se decía entonces de... Casi se convierten en documentos de una época.


La cosa se vuelve peor cuando se trata de libros de «Historia». Estos pretendidos libro, y los peores son los de texto, lo que hacen es una recopilación de las noticias de los últimos años.


En mi opinión un libro de historia no debería tratar asuntos que estén en proceso. Se puede hablar de la Transición política española porque ya pasó y es un proceso cerrado, aunque sus protagonistas no sólo estén vivos sino activos (labor del historiador será matizar sus «verdades»), pero no se puede hacer un libro de Historia sobre la guerra de Iraq porque todavía no ha terminado. Se podrán recopilar los hechos en un anuario, pero eso no es Historia.


En la mayoría de estas enciclopedias «actualizadas» se pretende hacer Historia con artículos breves, que no dan para un libro. Pero lo peor de todo es que, la mayor parte de las veces, pretenden fijar (prematuramente) la versión «oficial» del asunto en cuestión; y de esta manera servir como referencia a los historiadores futuros.


No es posible hacer una enciclopedia cerrada totalmente actualizada. El mundo es demasiado cambiante. Así que lo mejor, si necesita comprar una enciclopedia, es asegurarse de que se detiene justo antes de los temas que tratan los informativos. Y tomar estos entre comillas.

Miércoles, 12 de Septiembre de 2007 12:22 Autor: Pastranec. Enlace. Tema: General No hay comentarios. Comentar.

Que gobierne la lista más votada

Tras unas elecciones, especialmente si tienen un carácter local, es frecuente oír de los políticos una cantinela: «hay que permitir que gobierne la lista más votada»


La genial idea se argumenta como si hubieran descubierto el método perfecto para la gobernación de la república, y nadie antes hubiera caído en la cuenta de ello. Se argumenta con afirmaciones como: «es lo más democrático»; «no debe gobernar un pacto contra natura», «hay que respetar lo que dicen los ciudadanos», y cosas por el estilo. Sin embargo, todo es una falacia. Tal afirmación viene, en la mayor parte de los casos del partido que pierde el poder por la mínima.


Sin embargo, dejar gobernar a la lista más votada, así, por principio, es un error. Téngase en cuenta que estamos hablando de la lista más votada pero que no ha conseguido la mayoría absoluta. Si la hubiera tenido gobernaría y no habría problema. Además, el partido con esa lista más votada es incapaz de encontrar otra minoría que le apoye.


En estas condiciones ¿dejaría el gobierno de su comunidad en manos de una corporación en minoría e incapaz de llegar a un pacto con nadie?


Se suele concluir que serán capaces de llegar a pactos cuando hagan propuestas concretas, pero si es así que lo demuestres, que hagan el primero y se pongan de acuerdo con alguien para la investidura.

Miércoles, 05 de Septiembre de 2007 13:38 Autor: Pastranec. Enlace. Tema: General No hay comentarios. Comentar.

Leer es esencial

Ya no se lee como antes. ¡Con lo bueno que es leer! Y es que si no se lee se pierde algo muy importante. La lectura es esencial para la formación humana. Y lo bueno es leer en libro, que leer en la computadora no es lo mismo. ¡Y qué sé yo cuantos tópicos por el estilo en torno a la lectura!


Y no es que leer sea malo, que bueno es; pero leer por leer no vale de nada. Si es leer por leer puedo leer la guía telefónica. ¿Qué aportaría eso?


No es leer lo que importa, lo realmente transcendente es ser una persona curiosa, con interés por algo. El cómo se satisface esa curiosidad es lo de menos: lectura, audio, vídeo, Internet, etc.


¿Porqué un libro es más interesante que la televisión? Pues la verdad es que no lo es. Lo que ocurre es que uno, para leer un libro (o una página de la Red) necesita hacer un esfuerzo, y nadie hace un esfuerzo si no está interesado en el contenido. En cambio, los contenidos que ofrece de la televisión o la radio se suceden independientemente de la voluntad del receptor de la información; y claro, puede estar interesado en ellos, o no. Como la mayoría de los espectadores no les importa lo que se les cuenta se ponen a la expectativa de ver si cae algo que les despierte de su letargo. Entretanto se aburren. De esta manera, el libro tiene ventaja, nada ocurre si no hay un interés mínimo por él.


Pero al fin y al cabo, y volvemos a lo de la lectura, no es por leer por lo que la persona crece, es por el regusto que produce satisfacer una curiosidad, resolver un problema. Y para ello se debe de acudir allí donde esté la solución, en un libro, en un disco, en un vídeo, o en la propia investigación del problema.


Y no crea que de esta manera sólo se ocupará de problemas científicos o de divulgación. Terminará leyendo novelas si se pregunta ¿de qué va esto de la Iliada que lleva fascinando a todo el mundo desde hace 4.000 años? ¿Qué tiene este otro que está leyendo todo el mundo? ¿De qué va la nueva novela de este autor que tanto me gustó?


No lea por leer, sea curioso.

Miércoles, 29 de Agosto de 2007 16:52 Autor: Pastranec. Enlace. Tema: General No hay comentarios. Comentar.

Esto es cuestión de educación

Sin duda usted, ante el desmán de cualquier desalmado, habrá oído y hasta dicho: «la única solución es la educación», pensando en la de los niños, claro. Y sí es cierto la educación es muy importante, pero lleva su tiempo.


Que hay muchos accidentes de tráfico: «la única solución es la educación»; pero claro los que conducen son mayores de edad y ya están conduciendo como locos por esas carreteras, con sus hijos en los coches. ¿Cómo podemos esperar que los niños aprendan en la escuela conductas de respeto a las normas de tráfico si ven a los demás conducir como tarados? ¿Y cuánto tiempo hay que esperar para que una nueva generación de conductores, «bien educados», tome las calles?


Que los hombres no hacen las tareas de casa con las mujeres: «la única solución es la educación»; pero claro ¿y las mujeres de hoy que se encuentran con un hombre que no hace su parte? ¿Deben esperar a casarse con los amiguitos de sus hijos cuando estén bien educados?


Que hay machismo y violencia doméstica: «la única solución es la educación»; sí pero ¿pueden las mujeres maltratadas esperar?


Demasiadas veces delegamos. Demasiadas veces pretendemos que la solución a una conducta sea la educación, sobre todo porque consideramos que la educación de los hijos es cosa de la escuela, de los profesores, de otros. Demasiadas veces no vemos que los niños imitan las conductas de los adultos, y eso forma parte de su educación tanto como las materias de estudio.


La solución es la educación, sí, pero de los adultos. Es cambiando el comportamiento de los adultos como se asientan conductas nuevas, y esas conductas se cambian tanto convenciéndoles como reprimiendo y censurando las conductas de los adultos.


La próxima vez que se vea tentado a decir que «la única solución es la educación» piense que es usted el único responsable de que las conductas reprobables se perpetúen, sobre todo si pretende que cambien los niños y da por perdida la labor de transformar a los adultos.

Jueves, 23 de Agosto de 2007 13:09 Autor: Pastranec. Enlace. Tema: General No hay comentarios. Comentar.

Porpósito y licencia

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Se pretende en este blog hacer mofa y befa de aquellos tópicos y creencias que la gente dice muy en serio, pero que pensados un poco nos hace exclamar ¡No, por Dios!

Se incluirán también, en lo que llegue a cazar, esas perlas que los periodistas sueltan porque les da lo mismo ocho que ochenta y la mayoría de las veces no saben de lo que hablan, o les importa más el espectáculo que la verdad; bueno, y que la información.

Escribo desde España, perdonen el sesgo.

De manera general los artículos son publicados en este blog bajo una licencia Creative Commos, con reconocimiento y sin obras derivadas 3.0 España. No obstante, cuando en un artículo se indica expresamente otra licencia prevalece la licencia del artículo sobre la general.

Miércoles, 22 de Agosto de 2007 11:52 Autor: Pastranec. Enlace. Tema: General No hay comentarios. Comentar.


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