



Ahíto me tienen los políticos mediocres que nos gobiernan, y los que pretenden hacerlo. Se les puede ver matándose a brazos por conseguir los Juegos Olímpicos y son incapaces de sentarse a reflexionar sobre cómo salimos de la crisis que nos atenaza. Parecen pensar que es suficiente esperar a que pase, lo antes y mejor posible, para recoger los frutos. Se creen que con conseguir que no todo el mundo se muera de hambre ya lo han hecho todo, como si sobrellevar la crisis fuera lo mismo que hacer algo por salir de ella.
Cualquiera con dos dedos de frente sabe qué hay que hacer para salir del pozo: encontrar nuevos nichos de negocio, nuevas formas de producir más eficientes y baratas, nuevas formas de producir energía, nuevas maneras de conseguir el mismo confort del que disfrutamos hoy en día pero consumiendo menos recursos: materias primas, energía, y generando, en definitiva, menos residuos. ¿Es esto tan difícil?
Pues sí, hacer todo eso es difícil, para ello se requiere, inexcusablemente, de la investigación científica. Sin ella estamos perdidos. La investigación científica no es un lujo de ricos, es la base de todo nuestro mundo. La investigación científica es el pedestal sobre el que se apoya cualquier avance tecnológico, que genera negocios, confort y desarrollo. ¿Cómo es posible que en un país como España se piense en recortar los presupuestos para la investigación científica? Es un suicidio, es cerrarse las puertas del futuro.
A nadie se le escapa que la investigación científica no da frutos de hoy para mañana. La falta de inventos de hoy se debe al regateo de dinero para la investigación de ayer. ¿Queremos repetir la experiencia? ¿Queremos encontrarnos, el día de mañana, comprando patentes fuera? ¿Queremos hipotecar, una vez más, nuestro futuro?
No es la primera vez que apostamos por esa política suicida, ya nos costó, en su día, perder el tren del desarrollo; con lo que conseguimos convertir a este santo país en uno de los más pobres de Europa. Era en los tiempos en los que Unamuno decía aquello de ¡Qué inventen ellos! Y así nos fue.

argatea.blogspot.comVarios sondeos indican que el término "ateísmo" ha adquirido un estigma tan extraordinario en los Estados Unidos que ser un ateo es ahora un impedimiento perfecto a una carrera en la política (en un modo que ser negro, musulmán u homosexual no lo es). Según una encuesta reciente de Newsweek, sólo el 37% de Americanos votaría a favor de un ateo calificado para presidente.Los ateos a menudo son imaginados como intolerantes, inmorales, deprimidos, ciegos ante la belleza de naturaleza y dogmáticamente cerrados a pruebas de lo sobrenatural.
Incluso John Locke, uno de los grandes patriarcas de la Ilustración, creía que el ateísmo debía “no ser tolerado en absoluto” porque, dijo, “las promesas, convenios y juramentos, que son los lazos de sociedades humanas, no pueden tener ningún asimiento para un ateo.”
Eso fue hace más de 300 años. Pero en los Estados Unidos de hoy, poco parece haber cambiado. Un notable 87% de la población asegura “nunca dudar” de la existencia de Dios; menos del 10 % se identifican como ateos, y su reputación parece deteriorarse.
Dado que sabemos que los ateos están a menudo entre la gente más inteligente y científicamente alfabetizada en cualquier sociedad, parece importante desinflar los mitos que les impiden jugar un papel más grande en nuestro discurso nacional.
1) Los ateos creen que la vida no tiene significado.
Al contrario, es la gente religiosa la que a menudo piensa que la vida no tiene significado y se imaginan que sólo puede ser redimida por la promesa de felicidad eterna después de la muerte.
Los ateos tienden a estar bastante seguros de que la vida es preciosa. La vida es impregnada de significado al ser vivida real y totalmente.
Nuestras relaciones con aquellos a quienes amamos son significativas, ahora; no tienen que durar para siempre para que esto sea así.
Los ateos tienden a ver este miedo más bien… como algo absurdo.
2) El ateísmo es responsable de los mayores crímenes en la historia humana.
La gente de fe a menudo afirma que los crímenes de Hitler, Stalin, Mao y Pol Pot fueron el producto inevitable de la incredulidad. Sin embargo el problema con el fascismo y el comunismo, no es que sean demasiado críticos con la religión; el problema es que se parecen demasiado a las religiones. Tales regímenes son esencialmente dogmáticos y generalmente dan lugar a cultos de personalidad que son indistinguibles de los cultos de adoración a personajes religiosos. Auschwitz, el Gulag y los campos de matanza no fueron ejemplos de lo que pasa cuando los seres humanos rechazan el dogma religioso; ellos son ejemplos del dogma político, racial y nacionalista en extremo.
No hay ninguna sociedad en la historia humana que alguna vez haya sufrido porque su gente se volvió demasiado razonable.
2) El ateísmo es dogmático.
Judíos, cristianos y musulmanes afirman que sus escrituras son tan proféticas de las necesidades de la humanidad que sólo podrían haber sido escritas bajo la dirección de una deidad omnisciente. Un ateo es simplemente una persona que considera esta afirmación, lee los libros y concluye que esta afirmación es ridícula. Uno no tiene que aceptar nada por fe, o ser de otro modo dogmático, para rechazar injustificadas creencias religiosas. Como el historiador Stephen Henry Roberts (1901-71) una vez dijo: “Afirmo que somos ambos ateos. Simplemente creo en un dios menos que usted. Cuando usted entienda por qué desprecia a todos los otros dioses posibles, usted entenderá por qué yo desprecio al suyo.”
3) Los ateos piensan que todo en el universo surgió por casualidad.
Nadie sabe por qué el universo apareció. De hecho, no es completamente claro que coherentemente podamos hablar sobre "el principio" o "la creación" del universo en absoluto, ya que estas ideas invocan el concepto de tiempo, y aquí hablamos del origen de espacio-tiempo en sí mismo.
La noción de que los ateos creen que todo fue creado por casualidad es también con regularidad usada como crítica a la evolución darwiniana. Como Richard Dawkins explica en su maravilloso libro, “La Ilusión de Dios”, esto representa una completa malinterpretación de la teoría evolutiva. Aunque no sabemos con precisión cómo la temprana química de la Tierra desarrolló la biología, sabemos que la diversidad y la complejidad que vemos en el mundo vivo no son un producto del mero azar.
La evolución es una combinación de mutación azarosa y selección natural. Darwin llegó a la frase “selección natural” por analogía con la “selección artificial” realizada por los criadores de ganadería. En ambos casos, la selección ejerce un efecto sumamente no arbitrario sobre el desarrollo de cualquier especie.
4) El ateísmo no tiene ninguna conexión con la ciencia.
Aunque sea posible ser un científico y todavía creer en Dios —como algunos científicos parecen mostrar— no hay ninguna duda que un compromiso con el pensamiento científico tiende a erosionar, más bien que apoyar, la fe religiosa.
Tomando la población estadounidense como ejemplo: La mayoría de los sondeos muestran que aproximadamente el 90% de la población cree en un Dios personal; mientras que el 93% de los miembros de la Academia Nacional de Ciencias no es creyente. Esto sugiere que hay pocos modos de pensar menos compatibles con la fe religiosa en comparación con la ciencia.
5) Los ateos son arrogantes.
Cuando los científicos no saben algo —como por qué el universo apareció o cómo se formaron las primeras moléculas autoreproductoras— ellos lo admiten. Fingir conocer cosas que uno no conoce es algo muy perjudicial en la ciencia. Y aún esto es lo que da vida a una religión basada en fe. Una de las ironías monumentales del discurso religioso puede ser encontrada en la frecuencia con la que personas de fe se alaban a sí mismos por su humildad, mientras afirman conocer hechos sobre cosmología, química y biología que ningún científico conoce. Cuando aparecen preguntas sobre la naturaleza del cosmos y nuestro lugar dentro de él, los ateos tienden a formar sus opiniones a partir de la ciencia. Esto no es arrogancia; es honestidad intelectual.
6) Los ateos están cerrados a la experiencia espiritual.
No hay nada que impida a un ateo experimentar el amor, el éxtasis, la pasión y la admiración; los ateos pueden valorar estas experiencias y buscarlas con regularidad. Lo que los ateos no tienden a hacer es realizar injustificadas (e injustificables) afirmaciones acerca de la naturaleza de la realidad sobre la base de tales experiencias.
No hay ninguna duda de que algunos cristianos han transformado sus vidas para bien por leer la Biblia y rezar a Jesús. ¿Qué demuestra esto? Demuestra que ciertas disciplinas de atención y códigos de conducta pueden tener un efecto profundo sobre la mente humana. ¿Las experiencias positivas de los cristianos sugieren que Jesús sea el salvador exclusivo de humanidad? No, ni siquiera remotamente, porque los hindúes, budistas, musulmanes e incluso ateos con regularidad tienen experiencias similares.
No hay, de hecho, cristiano sobre la Tierra que puede estar seguro que Jesús llevó una barba, y mucho menos que él fue nacido de una virgen o resucitó de entre los muertos. Estas simplemente no son el tipo de afirmaciones que la experiencia espiritual puede autenticar.
7) Los ateos creen que no hay nada más allá de la vida humana y el entendimiento humano.
Los ateos pueden admitir los límites del entendimiento humano en un modo que la gente religiosa no puede.
Es obvio que no entendemos el universo totalmente; pero es aún más obvio que ni la Biblia ni el Corán reflejan un mejor entendimiento de él.
No sabemos si hay complejas formas de vida en otras partes del cosmos, pero podría haber. Si la hay, tales seres podrían haber desarrollado un entendimiento de las leyes de la naturaleza que infinitamente excede al nuestro. Los ateos libremente pueden aceptar tales posibilidades. Ellos también pueden admitir que de existir brillantes extraterrestres, el contenido de la Biblia y el Corán será aún menos impresionante para ellos.
Desde el punto de vista ateo, las religiones líderes mundiales trivializan completamente la verdadera belleza y la inmensidad del universo. Uno no tiene que aceptar nada con pruebas insuficientes, para hacer tal observación.
8) Los ateos ignoran el hecho que la religión es sumamente beneficiosa para la sociedad.
Aquellos que enfatizan los efectos buenos de la religión no parecen comprender nunca que tales efectos fallan en demostrar la verdad de cualquier doctrina religiosa. Es por eso que tenemos términos como "optimismo" y "autoengaño". Hay una distinción profunda entre una ilusión de consolación y la verdad.
En cualquier caso, los efectos buenos de la religión pueden ser cuestionados con seguridad. En la mayoría de los casos, parece que la religión da a la gente malas razones para comportarse bien, cuando en realidad hay buenas razones disponibles.
Pregúntese qué es más moral, ¿ayudar al pobre por el interés en su sufrimiento, o hacerlo porque piensa que el creador del universo quiere que usted lo haga, le recompensará por hacerlo o le castigará por no hacerlo?
9) El ateísmo no proporciona ninguna base para la moralidad.
Si una persona no ha entendido que la crueldad es perjudicial, no lo entenderá por leer la Biblia o el Corán — ya que en estos libros abundan las celebraciones de crueldad, tanto humana como divina.
No obtenemos nuestra moralidad de la religión. Decidimos qué está bien en nuestros libros recurriendo a intuiciones morales que están (en algún nivel) integradas en nosotros y que han sido afinadas por miles de años de pensar en las causas y posibilidades de la felicidad humana.
Hemos logrado un progreso moral considerable durante años, y no hicimos este progreso por leer la Biblia o el Corán con más detenimiento. Ambos libros justifican la práctica de la esclavitud, y cada ser humano civilizado ahora reconoce que la esclavitud es una abominación. Lo que haya de bueno en la escritura —como la regla de oro— puede ser valorado por su sabiduría ética sin nuestra creencia en que fue transmitido a nosotros por el creador del universo.
Traduccion de Stergios Korfiatis
Discurso Ángeles González-Sinde en la Gala Premios Goya
Fuente ABC.es a través de http://l3utterfish.blogspot.com/2009/04/frases-gloriosas-de-angeles-gonzalez.html
«Tenemos que seguir peleando para que las descargas ilegales no nos hagan desaparecer, para que nuestros administradores comprendan que en el negocio de la Red no pueden ganar sólo las operadoras de ADSL, mientras quienes proporcionamos los contenidos, perdemos».
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¡Que viejo soy! Recuerdo que se decía algo similar en los últimos años de la década de 1990 allá cuando se discutía la LSSI, se peleaba por la tarifa plana y contra las llamadas fallidas a Internet, y cuando la entrada a la red no se hacía a través de un buscador o una página personalizada si no de una cosa que se llamaban portales, donde se recogía lo que se suponía que interesaba más. Ya entonces era mentira, y eso que quienes aportábamos contenidos a la red éramos cuatro gatos.
En aquellos tiempos las empresas que daban acceso a Internet (en la práctica sólo Telefónica), y las que pretendían controlarlo por medio de leyes diferenciadas para Internet, querían creer que si la red existía era gracias a ellas, por que ellas eran las que daban valor añadido a la red, sin darse cuenta que si la gente se conecta a Internet no es para ver «sus productos» si no para comunicarse. Los que damos valor a la red somos sus usuarios, y sin lo que nosotros aportamos la red no es nada. ¿Qué son, si no, las redes sociales como Facebook? ¿O la inmensa red social que es, a la postre, Internet?
Al final ganamos la batalla, y logramos convencer a todos (o a casi todos, por lo visto) de algo que hoy es un lugar común pero en aquella época no lo era: que la red no es diferente de la sociedad, que no existe un mundo virtual y un mundo real, que las leyes que rigen la red no pueden ser diferentes de las que rigen las actividades habituales de la sociedad, que sólo había que dar valor jurídico a los «documentos» generados electrónicamente.
Esto es lo que los analfabetos digitales aún no entienden (la Sinde, Molina, la SGAE y demás). Habrá, claro que los hay, delincuentes que pretenden lucrarse con la obra de otro. Pero eso no es una característica de Internet, eso es que hay chorizos en la sociedad. La mayoría de las personas son buena gente, buena gente que habla y se cuenta cosas; cosas como la música, los libros y las películas que les gusta; y habla de eso en los bares, en la calle como en la red; y en la red la forma de hacerlo es a través de documentos digitales que circulan por todas partes.
Las operadoras de Internet sólo proporcionan conexión en buenas condiciones, no contenidos, de hecho Internet funciona por que es «ciega» ante los contenidos.
Quien comparte sus gustos no pretende hacerle la puñeta al artista que le gusta, todo lo contrario, pretende que se conozca, se aprecie y que pueda vivir de su obra. Quienes proporcionamos los contenidos, ganamos.
Compatriotas:
Me encuentro hoy aquí con humildad ante la tarea que enfrentamos, agradecido por la confianza que me ha sido otorgada, consciente de los sacrificios de nuestros antepasados. Agradezco al presidente Bush su servicio a nuestra nación, así como la generosidad y cooperación que ha demostrado a lo largo de esta transición.
Ya son cuarenta y cuatro los norteamericanos que han hecho el juramento presidencial. Estas palabras han sido pronunciadas durante mareas de prosperidad y aguas tranquilas de la paz. Y, sin embargo, a veces el juramento se hace en medio de nubarrones y furiosas tormentas. En estos momentos, Estados Unidos se ha mantenido no sólo por la pericia o visión de los altos cargos, sino porque nosotros, el pueblo, hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antecesores y a nuestros documentos fundacionales. Así ha sido. Y así debe ser con esta generación de norteamericanos.
Que estamos en medio de una crisis es algo muy asumido. Nuestra nación está en guerra frente a una red de gran alcance de violencia y odio. Nuestra economía está gravemente debilitada, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por el fracaso colectivo a la hora de elegir opciones difíciles y de preparar a la nación para una nueva era.
Se han perdido casas y empleos y se han cerrado empresas. Nuestro sistema de salud es caro; nuestras escuelas han fallado a demasiados; y cada día aporta nuevas pruebas de que la manera en que utilizamos la energía refuerzan a nuestros adversarios y amenazan a nuestro planeta.
Estos son los indicadores de una crisis, según los datos y las estadísticas. Menos tangible pero no menos profunda es la pérdida de confianza en nuestro país, un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y de que la próxima generación debe reducir sus expectativas.
Hoy os digo que los desafíos a los que nos enfrentamos son reales. Son graves y son muchos. No los enfrentaremos fácilmente o en un corto periodo de tiempo. Pero Estados Unidos debe saber que les haremos frente.
Hoy nos reunimos porque hemos elegido la esperanza sobre el temor, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia. Hoy hemos venido a proclamar el fin de las quejas mezquinas y las falsas promesas, de las recriminaciones y los dogmas caducos que durante demasiado tiempo han estrangulado a nuestra política.
Seguimos siendo una nación joven, pero, según las palabras de las Escrituras, ha llegado el momento de dejar de lado los infantilismos. Ha llegado el momento de reafirmar nuestro espíritu de firmeza: de elegir nuestra mejor historia; de llevar hacia adelante ese valioso don, esa noble idea que ha pasado de generación en generación: la promesa divina de que todos son iguales, todos son libres y todos merecen la oportunidad de alcanzar la felicidad plena.
Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, somos conscientes de que la grandeza nunca es un regalo. Debe ganarse. Nuestro camino nunca ha sido de atajos o de conformarse con menos. No ha sido un camino para los pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo o buscan sólo los placeres de la riqueza y la fama. Más bien, han sido los que han asumido riesgos, los que actúan, los que hacen cosas, algunos de ellos reconocidos, pero más a menudo hombres y mujeres desconocidos en su labor, los que nos han llevado hacia adelante por el largo, escarpado camino hacia la prosperidad y la libertad.
Por nosotros se llevaron sus pocas posesiones materiales y viajaron a través de los océanos en busca de una nueva vida. Por nosotros trabajaron en condiciones infrahumanas y se establecieron en el oeste; soportaron el látigo y araron la dura tierra. Por nosotros lucharon y murieron en lugares como Concord y Gettysburg, Normandía y Je Sahn.
Una y otra vez estos hombres y mujeres lucharon y se sacrificaron y trabajaron hasta tener llagas en las manos para que pudiéramos tener una vida mejor. Veían a Estados Unidos más grande que la suma de nuestras ambiciones individuales, más grande que todas las diferencias de origen, riqueza o facción.
Este es el viaje que continuamos hoy. Seguimos siendo la nación más próspera y poderosa de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando empezó esta crisis. Nuestras mentes no son menos inventivas, nuestros bienes y servicios no son menos necesarios que la semana pasada, el mes pasado o el año pasado. Nuestra capacidad no ha disminuido. Pero el tiempo del inmovilismo, de la protección de intereses limitados y de aplazar las decisiones desagradables, ese tiempo seguramente ha pasado. A partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y volver a empezar la tarea de rehacer Estados Unidos.
Porque allí donde miremos, hay trabajo que hacer. El estado de la economía requiere una acción audaz y rápida y actuaremos no sólo para crear nuevos empleos sino para levantar nuevos cimientos para el crecimiento. Construiremos carreteras y puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que alimentan nuestro comercio y nos mantienen unidos.
Pondremos a la ciencia en el lugar donde se merece y aprovecharemos las maravillas de la tecnología para aumentar la calidad de la sanidad y reducir su coste. Utilizaremos el sol, el viento y la tierra para alimentar a nuestros automóviles y hacer funcionar nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y universidades para hacer frente a las necesidades de una nueva era.
Todo esto podemos hacerlo. Y todo esto lo haremos.
Algunos cuestionan la amplitud de nuestras ambiciones y sugieren que nuestro sistema no puede tolerar demasiados grandes planes. Sus memorias son cortas. Porque han olvidado lo que este país ya ha hecho; lo que hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une al interés común y la necesidad a la valentía.
Lo que no entienden los cínicos es que el terreno que pisan ha cambiado y que los argumentos políticos estériles que nos han consumido durante demasiado tiempo ya no sirven.
La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno es demasiado grande o pequeño, sino si funciona, ya sea para ayudar a las familias a encontrar trabajos con un sueldo decente, cuidados que pueden pagar y una jubilación digna. Allí donde la respuesta es sí, seguiremos avanzando y allí donde la respuesta es no, pondremos fin a los programas. Y a los que manejamos el dinero público se nos pedirán cuentas para gastar con sabiduría, cambiar los malos hábitos y hacer nuestro trabajo a la luz del día, porque sólo entonces podremos restablecer la confianza vital entre un pueblo y su gobierno.
La cuestión para nosotros tampoco es si el mercado es una fuerza del bien o del mal. Su poder para generar riqueza y expandir la libertad no tiene rival, pero esta crisis nos ha recordado a todos que sin vigilancia, el mercado puede descontrolarse y que una nación no puede prosperar durante mucho tiempo si favorece sólo a los ricos. El éxito de nuestra economía siempre ha dependido no sólo del tamaño de nuestro Producto Nacional Bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad, de nuestra habilidad de ofrecer oportunidades a todos los que lo deseen, no por caridad sino porque es la vía más segura hacia el bien común.
En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros padres fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, redactaron una carta para garantizar el imperio de la ley y los derechos humanos, una carta que se ha expandido con la sangre de generaciones. Esos ideales aún alumbran el mundo y no renunciaremos a ellos por conveniencia. Y a los otros pueblos y gobiernos que nos observan hoy, desde las grandes capitales al pequeño pueblo donde nació mi padre: sabed que América es la amiga de cada nación y cada hombre, mujer y niño que persigue un futuro de paz y dignidad y de que estamos listos a asumir el liderazgo una vez más.
Recordad que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y al comunismo no sólo con misiles y tanques, sino con sólidas alianzas y firmes convicciones. Comprendieron que nuestro poder solo no puede protegernos ni nos da derecho a hacer lo que nos place. Sabían por contra que nuestro poder crece a través de su uso prudente, de que la seguridad emana de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y las cualidades de la templanza, la humildad y la contención.
Somos los guardianes de este patrimonio. Guiados de nuevo por estos principios, podemos hacer frente a esas nuevas amenazas que exigen aún mayor esfuerzo, incluso mayor cooperación y entendimiento entre las naciones. Comenzaremos a dejar Irak, de manera responsable, a su pueblo, y forjar una paz ganada con dificultad en Afganistán.
Con viejos amigos y antiguos contrincantes, trabajaremos sin descanso para reducir la amenaza nuclear y hacer retroceder el fantasma de un planeta que se calienta. No vamos a pedir perdón por nuestro estilo de vida, ni vamos a vacilar en su defensa, y para aquellos que pretenden lograr su fines mediante el fomento del terror y de las matanzas de inocentes, les decimos desde ahora que nuestro espíritu es más fuerte y no se lo puede romper; no podéis perdurar más que nosotros, y os venceremos.
Porque sabemos que nuestra herencia multiétnica es una fortaleza, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos y e hindúes, y de no creyentes. Estamos formados por todas las lenguas y culturas, procedentes de cada rincón de esta Tierra; debido a que hemos probado el mal trago de la guerra civil y la segregación, y resurgido más fuertes y más unidos de ese negro capítulo, no podemos evitar creer que los viejos odios se desvanecerán algún día, que las lineas divisorias entre tribus pronto se disolverán; que mientras el mundo se empequeñece, nuestra humanidad común se revelará; y América tiene que desempeñar su papel en el alumbramiento de una nueva era de paz.
Al mundo musulmán, buscamos un nuevo camino adelante, basado en el interés mutuo y el respeto mutuo. A aquellos líderes en distintas partes del mundo que pretenden sembrar el conflicto, o culpar a Occidente de los males de sus sociedades, sepáis que vuestros pueblos os juzgarán por lo que que podesis construir, no por lo que destruyais.
A aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y la represión de la disidencia, tenéis que saber que estáis en el lado equivocado de la Historia; pero os tenderemos la mano si estáis dispuestos a abrir el puño.
A los pueblos de las naciones más pobres, nos comprometemos a colaborar con vosotros para que vuestras granjas florezcan y dejar que fluyan aguas limpias; dar de comer a los cuerpos desnutridos y alimentar las mentes hambrientas. Y a aquellas naciones que, como la nuestra, gozan de relativa abundancia, les decimos que no nos podemos permitir más la indiferencia ante el sufrimiento fuera de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos del mundo sin tomar en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros tenemos que cambiar con él.
Al contemplar la ruta que se despliega ante nosotros, recordamos con humilde agradecimiento aquellos estadounidenses valientes quienes, en este mismo momento, patrullan desiertos lejanos y montañas distantes. Tienen algo que decirnos, al igual que los héroes caídos que yacen en (el cementerio nacional de) Arlington susurran desde los tiempos lejanos. Les rendimos homenaje no sólo porque son los guardianes de nuestra libertad, sino también porque encarnan el espíritu de servicio; la voluntad de encontrar sentido en algo más grande que ellos mismos. Sin embargo, en este momento, un momento que definirá una generación, es precisamente este espíritu el que tiene que instalarse en todos nosotros.
Por mucho que el gobierno pueda y deba hacer, en última instancia esta nación depende de la fe y la decisión del pueblo estadounidense. Es la bondad de acoger a un extraño cuando se rompen los diques, la abnegación de los trabajadores que prefieren recortar sus horarios antes que ver a un amigo perder su puesto de trabajo, lo que nos hace superar nuestros momentos más oscuros. Es la valentía del bombero al subir una escalera llena de humo, pero también la voluntad del progenitor de cuidar a un niño, lo que al final decide nuestra suerte.
Nuestros desafíos podrían ser nuevos. Las herramientas con que los hacemos frente podrían ser nuevas. Pero esos valores sobre los que depende nuestro éxito, el trabajo duro y la honestidad, la valentía y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo, esas cosas son viejas. Esas cosas son verdaderas. Han sido la fuerza silenciosa detrás de nuestro progreso durante toda nuestra historia. Lo que se exige, por tanto, es el regreso a esas verdades. Lo que se nos pide ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento, por parte de cada estadounidense, de que tenemos deberes para con nosotros, nuestra nación, y el mundo, deberes que no admitimos a regañadientes, sino que acogemos con alegría, firmes en el conocimiento de que no hay nada tan gratificante para el espíritu, tan representativo de nuestro carácter que entregarlo todo en una tarea difícil.
Este es el precio y la promesa de la ciudadanía. Esta es la fuente de nuestra confianza, el saber que Dios nos llama a dar forma a un destino incierto. Este es el significado de nuestra libertad y de nuestro credo, por lo que hombres y mujeres y niños de todas las razas y de todas las fes pueden unirse en una celebración a lo largo y ancho de esta magnífica explanada, por lo que un hombre cuyo padre, hace menos de 60 años, no habría sido servido en un restaurante ahora está ante vosotros para prestar el juramento más sagrado.
Así que, señalemos este día haciendo memoria de quiénes somos y de lo largo que ha sido el camino recorrido. En el año del nacimiento de América, en uno de los más fríos meses, una reducida banda de patriotas se juntaba ante las menguantes fogatas en las orillas de un río helado. La capital se había abandonado. El enemigo avanzaba. La nieve estaba manchada de sangre. En un momento en que el desenlace de nuestra revolución estaba más en duda, el padre de nuestra nación mandó que se leyeran al pueblo estas palabras:
«Que se cuente al mundo del futuro que en las profundidades del invierno, cuando nada salvo la esperanza y la virtud podían sobrevivir... la urbe y el país, alarmados ante un peligro común, salieron a su paso».
América. Ante nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras privaciones, recordemos esas palabras eternas. Con esperanza y virtud, sorteemos nuevamente las corrientes heladas, y aguantemos las tormentas que nos caigan encima. Que los hijos de nuestros hijos digan que cuando fuimos puestos a prueba nos negamos que permitir que este viaje terminase, no dimos la vuelta para retroceder, y con la vista puesta en el horizonte y la gracia de Dios encima de nosotros, llevamos aquel gran regalo de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones venideras.
Gracias, que Dios os bendiga, que Dios bendiga a América.Procedente del diario 20Minutos publicado con licencia Creative Commons
Análisis
Todo el discurso de Obama, en el día de su investidura como presidente de Estados Unidos de América, gira en torno a una sola idea: vivimos tiempos difíciles pero nos enfrentaremos a ellos con éxito, como con éxito se enfrentaron a sus problemas nuestros antepasados, y lo haremos reafirmando nuestro principios. Párrafo tras párrafo se refuerza esta idea una y otra vez, dirigiéndose a diferentes colectivos pero siempre con la misma idea y la misma estructura: este es el problema pero lo resolveremos como lo resolvieron nuestros antepasados.
La idea se expone de manera simple en el primer párrafo: «Me presento aquí [...] consciente de la tarea que nos aguarda, agradecido por la confianza [...], conocedor de los sacrificios que hicieron nuestros antepasados». Y da las gracias al presidente saliente por los servicios prestados.
A continuación comienza recordando que aunque la mayoría de los presidentes han tenido mandatos tranquilos también los ha habido con mandatos difíciles, pero siempre se ha salido adelante: «permanecido fieles a los ideales de nuestros antepasados y a nuestros documentos fundacionales. Así ha sido. Y así debe ser [...]». Curiosamente él no se pone del lado de los presidentes, si no del pueblo: «Nosotros, el Pueblo». en un sólo párrafo recuerda los tiempos difíciles del pasado, y que se ha salido adelante.
El siguiente párrafo nos sitúa en el día de hoy: «estamos en medio de una crisis», y además «en guerra contra una red de violencia y odio», y señala a los culpables «la codicia y la irresponsabilidad de algunos», y «nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles», que ha provocado grandes males: pérdida casas, empleos, se han cerrado empresas, sanidad cara, escuelas malas, usos de la energía ineficientes.
Pero peor que todo eso es: «la destrucción de la confianza», y es cuando insufla esperanza: «No será fácil resolverlos, ni podrá hacerse en poco tiempo. Pero [...] los resolveremos». «Hemos escogido la esperanza por encima del miedo». «Ha llegado la hora de reafirmar nuestro espíritu de resistencia». Pero todo esto hay que ganárselo. «Nuestro viaje nunca ha estado hecho de atajos ni se ha conformado con lo más fácil». Y apela a la heroicidad de los antepasados: «Por nosotros empaquetaron sus escasas posesiones terrenales y cruzaron océanos, [...] trabajaron en condiciones infrahumanas y colonizaron el Oeste; soportaron el látigo y labraron la dura tierra, [...]combatieron y murieron en» guerras. Y todo «para que nosotros pudiéramos tener una vida mejor», por que «vieron que Estados Unidos era más grande que la suma de nuestras ambiciones individuales». Ese es su legado y ese «es el viaje que hoy continuamos». Y recuerda que hoy siguen siendo un gran país, ni son menos que cuando comenzó la crisis, pero hay que ponerse a trabajar: «el periodo del inmovilismo, de proteger estrechos intereses y aplazar decisiones desagradables ha terminado; a partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar». Da una serie de ejemplos en donde hay que ponerse a trabajar, y donde el Estado debe promover el impulso, por que «la pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno interviene demasiado o demasiado poco, sino si eso sirve de algo». Esta es, sin duda una de la frases más brillantes del discurso, y una de las ideas de más alcance.
Entramos en la parte programática del discurso.
Obama aboga por vigilar los mercados: «sin un ojo atento, el mercado puede descontrolarse», y reafirma las virtudes del libre mercado, porque la prosperidad depende «de nuestra capacidad de ofrecer oportunidades a todas las personas».
«En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales». Una frase simple que marca todo un nuevo estilo, radicalmente opuesto a la política estadounidense que se había llevado hasta entonces. Es, sin duda, la otra gran frase del discurso. Unos ideales que no son sólo para los estadounidenses, si no para todo el mundo: «Esos ideales siguen iluminando el mundo, y no vamos a renunciar a ellos por conveniencia». Al igual que en otras partes del discurso se apela a que ya lo hicieron los antepasados: «generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y el comunismo no sólo con misiles y carros de combate, sino con alianzas sólidas y convicciones duraderas».
Se hace referencia a los conflictos internacionales: Iraq, Afganistán, «disminuir la amenaza nuclear y hacer retroceder el espectro del calentamiento del planeta». Y a los terroristas les recuerda que: «No pediremos perdón por nuestra forma de vida ni flaquearemos en su defensa». Curiosamente no hace referencia la conflicto entre Palestina e Israel.
También hace una apelación directa al mundo musulmán: «buscamos un nuevo camino hacia adelante, basado en intereses mutuos y mutuo respeto» y les advierte «sabed que vuestro pueblo os juzgará por lo que seáis capaces de construir, no por lo que destruyáis». Y en el mismo párrafo a todos los dictadores: «estamos dispuestos a tender la mano si vosotros abrís el puño».
Se apela a «los habitantes de los países pobres», a los que promete ayuda, y a los otros países desarrollados para que apoyen en esa labor a Estados Unidos, y les recuerda que «el mundo ha cambiado, y nosotros debemos cambiar con él».
Recuerda a los soldados estadounidenses que luchan en el exterior, y a sus muertos, por que su sacrificio y su «espíritu es precisamente el que debe llenarnos a todos». Y enumera los valores en los que se sustenta ese espíritu: «el esfuerzo y la honradez, el valor y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo». Y para terminar vuelve a recordar que los antepasados ya lo hicieron: «En el año del nacimiento de Estados Unidos ... etc.»
El discurso concluye una apelación ante la historia: «Que los hijos de nuestros hijos puedan decir que, cuando se nos puso a prueba, [...] seguimos llevando hacia adelante el gran don de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones futuras».

¿Conocen ustedes el sorteo de Navidad de la lotería nacional de España? Es un espectáculo fantástico, del que el día 22 de diciembre de cada año está pendiente todo el país. Los premios no son muy grandes, pero es el que más ilusión hace, y cada año los informativos de todas las cadenas abren con la noticia de los ganadores. La suerte se reparte, y mucho, hasta el punto de que los billetes de lotería (décimos) se dividen en participaciones y se comparten con familiares y amigos. El sorteo consiste en ir emparejando todos los números que se juegan, que se encuentran en unas bolas en un bombo grande, con todos los premios que se reparten, que se encuentran en unas bolas en un bombo más pequeño.
Todos los años salen premiados unos determinados números y les toca a unas personas concretas. ¿Saben ustedes qué probabilidad hay de que en un sorteo salgan premiados unos determinados números y les toque a unas personas concretas? Prácticamente nula. Y menos que la suerte se repitiera, y aunque sólo fuera el que en dos sorteos diferentes salgan los mismos números. Y sin embargo este año han salido estos números y les ha tocado a estas personas, y podrían salir los mismos números si hiciésemos un número suficiente de sorteos, y con la particularidad de que no podríamos precisar qué sorteo sería el de la repetición.
¿Y a qué viene todo esto? Pues a que desmota el argumento de la poca probabilidad de que la vida surgiera por azar. Sí, la probabilidad es poca, pero el número de «sorteos» en todo el universo es inmenso, y a nosotros «nos ha tocado la lotería»; y es posible que en otros puntos del universo también haya tocado (no lo sabemos).
Ustedes no deben pensar en ¿qué probabilidad hay de que el carbono, el hidrógeno, el oxígeno y otros átomos se combinen para dar vida? Lo que deben sopesar es ¿qué probabilidad hay de que cada átomo de carbono, hidrógeno, oxígeno, etc., se combinen para dar vida? Entonces caerán en la cuenta de que el número de «sorteos» es enormemente alto, y de que es relativamente fácil que al menos en un punto del universo haya «tocado la lotería», de que haya surgido la vida por azar. Y encima, el ejemplo de la lotería nos muestra que no es necesario un número de sorteos muy alto para que le toque a alguien. ¿Porqué no a mí? Por eso juego.
Discurso de Barack Obama
¡Hola, Chicago!
Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, quien todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, quien todavía cuestiona la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta.
Es la respuesta dada por las colas que se extendieron alrededor de escuelas e iglesias en un número cómo esta nación jamás ha visto, por las personas que esperaron tres horas y cuatro horas, muchas de ellas por primera vez en sus vidas, porque creían que esta vez tenía que ser distinta, y que sus voces podrían suponer esa diferencia.
Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules.
Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.
Es la respuesta que condujo a aquellos que durante tanto tiempo han sido aconsejados a ser escépticos y temerosos y dudosos sobre lo que podemos lograr, a poner manos al arco de la Historia y torcerlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor.
Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hicimos en esta fecha, en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha venido a Estados Unidos.
Esta noche, recibí una llamada extraordinariamente cortés del senador McCain.
El senador McCain luchó larga y duramente en esta campaña. Y ha luchado aún más larga y duramente por el país que ama. Ha aguantado sacrificios por Estados Unidos que no podemos ni imaginar. Todos nos hemos beneficiado del servicio prestado por este líder valiente y abnegado.
Le felicito; felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado. Y estoy deseando colaborar con ellos para renovar la promesa de esa nación durante los próximos meses.
Quiero agradecer a mi socio en este viaje, un hombre que hizo campaña desde el corazón, e hizo de portavoz de los hombres y las mujeres con quienes se crío en las calles de Scranton y con quienes viajaba en tren de vuelta a su casa en Delaware, el vicepresidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden.
Y no estaría aquí esta noche sin el respaldo infatigable de mi mejor amiga durante los últimos 16 años, la piedra de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima primera dama de la nación, Michelle Obama.
Sasha y Malia, os quiero a las dos más de lo que podéis imaginar. Y os habéis ganado el nuevo cachorro que nos acompañará hasta la nueva Casa Blanca.
Y aunque ya no está con nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que hizo de mí lo que soy. Los echo en falta esta noche. Sé que mi deuda para con ellos es incalculable.
A mi hermana Maya, mi hermana Alma, al resto de mis hermanos y hermanas, muchísimas gracias por todo el respaldo que me habéis aportado. Estoy agradecido a todos vosotros. Y a mi director de campaña, David Plouffe, el héroe no reconocido de esta campaña, quien construyó la mejor, la mejor campaña política, creo, en la Historia de los Estados Unidos de América.
A mi estratega en jefe, David Axelrod, quien ha sido un socio mío a cada paso del camino.
Al mejor equipo de campaña que se ha compuesto en la historia de la política. Vosotros hicisteis realidad esto, y estoy agradecido para siempre por lo que habéis sacrificado para lograrlo.
Pero sobre todo, no olvidaré a quién pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros. Os pertenece a vosotros.
Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades. No comenzamos con mucho dinero ni con muchos avales. Nuestra campaña no fue ideada en los pasillos de Washington. Se inició en los jardines traseros de Des Moines y en los cuartos de estar de Concord y en los porches de Charleston. Fue construida por los trabajadores y las trabajadoras que recurrieron a los pocos ahorros que tenían para donar a la causa cinco dólares y diez dólares y veinte dólares.
Adquirió fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito de la apatía de su generación, que dejaron atrás sus casas y sus familiares para hacer trabajos que les procuraron poco dinero y menos sueño.
Adquirió fuerza de las personas no tan jóvenes que hicieron frente al gélido frío y el ardiente calor para llamar a las puertas de desconocidos y de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntarios y organizaron y demostraron que, más de dos siglos después, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no se ha desvanecido de la Tierra.
Esta es vuestra victoria.
Y sé que no lo hicisteis sólo para ganar unas elecciones. Y sé que no lo hicisteis por mí.
Lo hicisteis porque entendéis la magnitud de la tarea que queda por delante. Mientras celebramos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas (dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo).
Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.
Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos.
Hay nueva energía por aprovechar, nuevos puestos de trabajo por crear, nuevas escuelas por construir, y amenazas por contestar, alianzas por reparar.
El camino por delante será largo. La subida será empinada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos, nunca he estado tan esperanzado como estoy esta noche de que llegaremos.
Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos.
Habrá percances y comienzos en falso. Hay muchos que no estarán de acuerdo con cada decisión o política mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas.
Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos afrontan. Os escucharé, sobre todo cuando discrepamos. Y sobre todo, os pediré que participéis en la labor de reconstruir esta nación, de la única forma en que se ha hecho en Estados Unidos durante 221 años bloque por bloque, ladrillo por ladrillo, mano encallecida sobre mano encallecida.
Lo que comenzó hace 21 meses en pleno invierno no puede terminar en esta noche otoñal.
Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a como era antes. No puede suceder sin vosotros, sin un nuevo espíritu de sacrificio.
Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu del patriotismo, de responsabilidad, en que cada uno echa una mano y trabaja más y se preocupa no sólo de nosotros mismos sino el uno del otro.
Recordemos que, si esta crisis financiera nos ha enseñado algo, es que no puede haber un Wall Street (sector financiero) próspero mientras que Main Street (los comercios de a pie) sufren.
En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación de recaer en el partidismo y mezquindad e inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo.
Recordemos que fue un hombre de este estado quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la autosuficiencia y la libertad del individuo y la unidad nacional.
Esos son valores que todos compartimos. Y mientras que el Partido Demócrata ha logrado una gran victoria esta noche, lo hacemos con cierta humildad y la decisión de curar las divisiones que han impedido nuestro progreso.
Como dijo Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra, no somos enemigos sino amigos. Aunque las pasiones los hayan puesto bajo tensión, no deben romper nuestros lazos de afecto.
Y a aquellos estadounidense cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente, también.
Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios, a aquellos que se juntan alrededor de las radios en los rincones olvidados del mundo, nuestras historias son diversas, pero nuestro destino es compartido, y llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense.
A aquellos, a aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos. Y a aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina tan fuertemente: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza sino del poder duradero de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme.
Allí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que Estados Unidos puede cambiar. Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana.
Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que emitió su papeleta en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones, salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.
Nació sólo una generación después de la esclavitud; en una era en que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones (porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche, pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos) la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: Sí podemos. En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí podemos. Cuando había desesperación y una depresión a lo largo del país, ella vio cómo una nación conquistó el propio miedo con un Nuevo Arreglo, nuevos empleos y un nuevo sentido de propósitos comunes. Sí podemos.
Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza y la democracia fue salvada. Sí podemos.
Ella estaba allí para los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: «Lo superaremos». Sí podemos.
Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación.
Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.
Sí podemos.
Estados Unidos, hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen tanta suerte como para vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verán? ¿Qué progreso habremos hecho?.
Esta es nuestra oportunidad de responder a ese llamamiento. Este es nuestro momento.
Estos son nuestros tiempos, para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad para nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental, que, de muchos, somos uno; que mientras respiremos tenemos esperanza. Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos.
Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.
Procedente del diario 20Minutos, publicado con licencia Creative Commons
Análisis
El discurso es perfecto, y difícilmente se puede encontrar en él algo con lo que no estar de acuerdo. Pivota únicamente sobre dos ideas, que jamás se mezclan, y se exponen con una claridad, una brevedad y una eficacia asombrosa. Por supuesto el discurso no es un programa político, es sólo una apelación clara y directa fundamentada en los valores básicos de los estadounidenses. Casi todo son generalidades.
Comienza, en el primer párrafo, reafirmando el «sueño americano»: «Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible», para pasar a reafirmar la unidad de la nación: «Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.» Esta es la tesis central de todo su discurso, que va a concluir, al final, con el famoso «sí podemos».
El resto del discurso es un refuerzo, con numerosos argumentos de estas ideas.
En primer lugar felicita, alaba de hecho, a su rival, McCain, y sin olvidarse de Palin. Luego agradece la labor de quienes le han ayudado a llegar: su vicepresidente, su familia, su equipo de campaña, y el consabido pero eficacísimo «esta victoria os pertenece a vosotros». Todo ello refuerza el argumento de «Somos una nación».
A continuación hay una sección del discurso que comienza con «Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades» y termina con «Esta es vuestra victoria» que refuerza la idea de que el «sueño americano» es posible por que ya lo han logrado al llevarle a él a la presidencia. Digamos que es el «sueño americano» cumplido. Hasta aquí el pasado.
Inmediatamente sigue la definición de un nuevo proyecto, un nuevo «sueño americano», que comienza por enumerar los problemas que tiene el país: «dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo», y sigue por las dificultades: «Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato», pero no deja que se caiga en el desánimo: «Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos», o «Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio».
Para este nuevo «sueño americano» vuelve a apelar a la nación unida: «Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu del patriotismo», y «En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación». ¿Y por qué? Pues enumera «los valores que todos compartimos»: «la autosuficiencia y la libertad del individuo y la unidad nacional». La sección termina con un llamamiento a quienes no le han votado y les dice: «Y seré vuestro presidente, también».
Este «sueño americano» no es sólo para los estadounidenses, también implica a todo el mundo, y promete el liderazgo del Estados Unidos en el mundo. La sección comienza con: «Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas», se refuerza con «llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense», quita toda esperanza a los terroristas: «a aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer», ¿y cómo?: «la fuerza auténtica de nuestra nación procede [...] de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme». Y también: «aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos». Esta es la única parte del discurso medianamente programática, ya que afirma que la manera de luchar contra los «enemigos» no es renunciando a los derechos si no reforzándolos y es para aquellos a los que no se ha dirigido en toda la campaña: el resto del mundo. La sección termina con «Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana».
El discurso vuelve a centrarse en el «sueño americano» para los estadounidenses, y les hace conscientes del lo histórico del momento: «Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos». Es ahora cuando cuenta la historia de Ann Nixon Cooper, la anciana de 106 años. Aquí comienza su coda final. Mientras cuenta la historia dice hasta tres veces «Sí podemos», y lo repite otras cuatro veces en los párrafos siguientes.
La última frase es genial, por que resumen en una sola frase las dos ideas centrales del discurso: el «sueño americano» y la unidad nacional: «Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos».
¿Quien puede estar en desacuerdo con que podemos conseguirlo todo, sobre todo si estamos unidos? Así, en abstracto, sin concretar nada.
Si os habéis fijado el discurso está lleno de tópicos, y no se nota ninguno. ¿Quién ha oído alguna vez un discurso que no diga: «este premio se lo debo a mi familia y a mis amigos que me han ayudado a llegar hasta aquí. Este premio es vuestro»? Aquí lo dice y no se nota. ¿Qué hay más tópico que lo de: «esto no es el final es el principio de algo nuevo»? Aquí lo dice y no se nota. ¿Qué hay más tópico que lo de: juntos podemos lograrlo todo, el futuro es nuestro»? Aquí lo dice y no se nota.
Desgraciadamente todo esto está enmarcado por sendas apelaciones a Dios. El acto comienza con la intervención de un pastor protestante, y el discurso termina con: «Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América». Es una pena que no se puedan librar de estas intromisiones de la religión en la vida pública. ¿Os imagináis que en España, tras ganar una elecciones un obispo abriera el discurso de victoria? Yo creo que es protocolario, pero es que el protocolo responde a la necesidad de mantener las buenas maneras ante unos interlocutores que esperan que te comportes así. Obama no renuncia a esa intromisión de la religión en la política, quizá sea pedirle demasiado, al menos por el momento.
Es curioso como hoy en día, con tanto blog y foro como hay, con tanta opinión como se vierte en la red aún haya mucha gente que no sabe exponer sus argumentos.
Muchos de los post, frecuentemente los más largos, comienzan diciendo vaguedades y se adentran en pruebas y razonamientos, todos enredados unos con otros que vuelven la lectura muy compleja y de los que no se saca nada en claro.
Exponer los argumentos es relativamente sencillo. En la primera frase hay que exponer la tesis que se va a defender, luego vienen los argumentos, las pruebas y las razones, una detrás de otra, sin mezclarlas, y a ser posible visiblemente separadas, y por último la conclusión que recoge la tesis inicial enriquecida con los argumentos. No hay más.
A todo esto sólo hay que añadirle una cosa: la brevedad es un valor, aunque tampoco hay que ser tan breve que acabemos contando un chiste.
En suma, al lector le debe de quedar bien claro, desde la primera frase, qué defendemos, luego cómo lo defendemos y por último cuál es nuestra conclusión final. No es tan difícil.
P.D.: ¿Cumple este post lo que predica?
Para ampliar el tema recomiendo vivamente el libro de Weston, Anthony: "Las claves de la argumentación", Editorial Ariel. En menos de 150 páginas expone todos los recursos básicos para la correcta aplicación de la lógina informal, y la exposición de argumentos.
Cada día estamos más convencidos de que el origen de la vida se encuentra en los efectos gravitatorios del Universo P1 (paralelo 1). El Universo P1 se encuentra «sobre» el nuestro en una quinta dimensión (desarrollada), y los efectos gravitatorios de la materia que se encuentra en él tienen consecuencias sobre el nuestro. Es lo que conocemos como vida.
Aunque no podemos acceder a ese universo, por estar en una dimensión superior, podemos saber cosas de él gracias a los efectos que su materia tiene.
La existencia del Universo P1 explica los fenómenos paranormales. Los fenómenos paranormales sólo tienen lugar en seres vivos. En realidad todo ser vivo advierte de fenómenos paranormales, aunque sólo el ser humano tiene capacidad de comunicarlos. Los fenómenos paranormales no son otra cosas que agregaciones y desagregaciones repentinas de elementos físico/químicos del Universo P1.
Como se puede ver, la teoría del Universo P1 no sólo es coherente con los hechos observados, si no que da explicación a los hechos paranormales, que hasta ahora estaban fuera de la ciencia.
Así pues, en la actualidad tenemos tres modelos sobre el origen de la vida: la evolución, la creación/diseño inteligente y la teoría del Universo P1. Nunca más se podrá decir: tenemos dos modelos la evolución y la creación/diseño inteligente, y si la evolución no es válida la creación/diseño inteligente sí ha de serlo. Desde ahora, si la evolución no es válida podrán ser verdaderas o la creación/diseño inteligente o la teoría del Universo P1, y habrá que dar pruebas positivas que apoyen cada una de ellas.
En los últimos tiempos se ha escrito mucho tratando de refutar el argumento del relojero propuesto por William Paley para demostrar la existencia de Dios, desde «El relojero ciego» de Richard Dawkins hasta el clásico «El origen de las Especies» del propio Charles Darwin, pero tales argumentos, por sesudos, no nos adecuados para una discusión viva, ya sea de palabra o en un foro. Aquí escribiré una refutación simple, pero fundamentada, que sí se pueda usar, y que en el fondo está en la base de estos grandes libros. La idea es antigua, anterior al propio Darwin, pero ha sido resucitada por los defensores del «diseño inteligente» como argumento fuerte; travestido en complejidad irreductible.
El argumento del relojero viene a decir lo siguiente: Supongamos que no sabemos qué es un reloj, y que encontramos uno tirado en el suelo, en la naturaleza. ¿Acaso no nos preguntaríamos, quién diseñó ese objeto, quién lo construyó, con qué propósito se hizo? El reloj es una máquina tan compleja que no es posible que exista por azar. Al igual que el reloj, los organismos vivos son tan complejos y funcionan tan como máquinas que no es posible admitir que existan si no fueron creados por un diseñador. Así, Paley encuentra en la naturaleza características que sólo son posibles si han sido creadas por Dios.
El problema del argumento del relojero es dejarnos fascinar por el ejemplo. Yo, desde luego, si me encontrase un reloj en la naturaleza sí que me haría esas preguntas, y si me encontrase un ordenador, o un libro. Todos ellos son objetos complejos y fascinantes, y podemos suponer que no hay en la naturaleza objetos tan complejos como ellos; aunque podríamos discutir sobre la complejidad de la estructura de la Tierra, o el sistema solar, o las estrellas o las galaxias, etc.
Ahora supongamos que en lugar de un reloj lo que encontramos es un martillo. Este objeto es bastante simple y se me ocurren un montón de cosas estrictamente naturales y no biológicas más complejas que él. ¿Acaso no nos haríamos las mismas preguntas? Yo desde luego sí. Es más, los arqueólogos se dedican a eso. Los arqueólogos que estudian el Paleolítico se hacen esas preguntas cuando encuentran lascas de piedra que resultan ser puntas de flecha, hachas o cuchillos; y en las más antiguas es muy difícil diferenciar las lascas naturales de las que fueron hechas por los seres humanos.
Así pues, la pregunta de quién diseñó esto no se desata por encontrar un objeto complejo, si no por encontrar un objeto que no pertenece a la naturaleza. Si considerásemos que pertenece a la naturaleza no nos haríamos esa pregunta. Al final la tesis de Darwin es esa: que los seres vivos son tan parte de la naturaleza como las piedras, y que están aquí por procesos azarosos, aunque sean más complejos.
Como se puede ver se trata de una falacia de definición, o de palabras equívocas:
Un reloj (las cosas complejas) a
Tienen un diseñador b
La vida es una cosa compleja como un reloj c = a
Si a entonces b
y c es igual a a
luego c entonces b
El problema es que c no es igual a a, la vida, por compleja que sea no es como un reloj; y dar el paso a que el diseñador es Dios es una falacia de falso dilema, ya que se nos hace asumir que la única opción para un diseñador de la vida es Dios.
Dejémonos de ejemplos y tratemos de abstraer un poco más. ¿Si me encuentro algo, acaso no me preguntaré de dónde viene? Está aquí por alguna causa, y toda causa tiene su efecto, y si está aquí es porque proviene de algo, no puede provenir de la nada, ¿nos podemos remontar indefinidamente en las causas y los «provenires»? ¡Un momento! ¿De qué me suena todo esto? ¡Ah, sí! Son la segunda y tercera vías de santo Tomás para conocer la Dios. Él lo explica mejor, pero las refutaciones de las vías de santo Tomás son conocidas. Al final da un salto mortal: «como no puedo remontarme más, el origen es Dios», que como todos sabemos es Diego Armando Maradona.
A poco que analicemos los argumentos de los defensores del diseño inteligente nos daremos cuenta de que siempre tienen la misma estructura lógica:
La evolución a
requiere de pruebas b (las pruebas a las que se refieren varían)
puedo demostrar que esas pruebas son falsas No-b
luego existe un diseñador inteligente c
Si a entonces b
como No-b
luego c
Para llegar a esta conclusión se nos pide que asumamos una falacia de falso dilema: las dos únicas alternativas son a ó c (la evolución o el diseño inteligente).
La forma correcta de argumentar sería
Si a entonces b
como No-b
luego No-a
Algunos argumentos están un poco mejor elaborados, pero no dejan de apelar a la falacia del falso dilema:
Si a entonces b
como No-b
luego No-a
Si No-a entonces c
Es posible ver que los defensores del diseño inteligente sólo nos piden que asumamos la falacia del falso dilema una vez que han establecido No-b. En este sentido los defensores del creacionismo son más sinceros, ya que plantean desde un principio que sólo hay dos alternativas: a ó f (o la evolución o un creador f). Sigue siendo una falacia de falso dilema pero por lo menos no te encuentras la sorpresa al final.
Los defensores del diseño inteligente dejan el razonamiento en la afirmación de c, pero es evidente que se hace necesario el siguiente razonamiento:
El diseñador inteligente c
sólo piensa el diseño d
para que aparezca en el mundo real e
se necesita un creador f
Si c entonces d
Si d entonces e
Si e entonces f
Luego c entonces f
Con lo que se llega a la conclusión de que el diseñador es el creador. Esto sigue siendo una falacia, porque el diseñador no tiene por qué ser el creador; pero los defensores del diseño inteligente evitan esta controversia.
Y un detalle final, toda su argumentación se sostiene sobre No-b, es decir en la negación de las pruebas de la evolución. La evolución es la única parte que pone sobre la mesa pruebas materiales positivas, los defensores del diseño inteligente no ponen ni una. Todas sus pruebas son «negativas», es decir, tratan de demostrar que las pruebas de la evolución no son tales. Uno se puede poner boca arriba, boca abajo, de espaldas o de frente, pero no encontrará ni una sola prueba material positiva que sostenga la existencia de un diseñador inteligente.
Todo esto, por supuesto, asumiendo que las pruebas negativas de los defensores del diseño inteligente son verdad, que esa es otra discusión. En realidad ninguna de ellas es verdad, por lo que no pueden demostrar No-b. Si la estructura lógica de su razonamiento ya se había caído por causas internas el no poder demostrar No-b lo convierte todo en un sinsentido.
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